La Rioja
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Autor: Rosamrol
Ritual de aseo felino y Chico en adopción
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Rosa Roldán | 18-01-2016 | 12:10| 0

Si alguna vez os fijáis bien en el ritual de acicalamiento de un gato, comprobaréis que siguen un orden concreto. El gato se instala sentado y comienza por lamerse los labios. A continuación, humedece el lateral de una pata y se lava la parte de la cara correspondiente a ese lado nariz, ojos y orejas. Repite la secuencia en el otro lado.

 

Cuando la cara está limpia, empieza por las patas delanteras, hombros y laterales. A continuación, se centra en las patas traseras, primero la parte exterior y luego la parte interior seguido de la zona genital. El proceso concluye con el acicalamiento de la cola, empezando por la base hasta llegar a la punta.

 

Hay zonas donde el gato no puede llegar por sí solo, como por ejemplo, detrás de las orejas y en la base del cuello. Por eso, le encanta que le acariciemos en esos puntos aunque también agradece que otros gatos amigos, se encarguen de la limpieza de esas zonas.

 

Chico es un gato genial, todo un bombón con un carácter increíble y muy sociable tanto con personas, perros como con otros gatos. Vive en acogida con otra gatita también adoptada con la que se lleva así de bien.

 

Contacto: dan.asociacion@gmail.com

 

 

Si quieres ver más fotos o vídeos pincha en:

 

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.763977340338776.1073741919.451669658236214&type=3

 

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Identificando el buen juego
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Rosa Roldán | 14-01-2016 | 9:19| 0

Cuando los perros interactúan puede que jueguen o se enfrenten. Comprender la diferencia entre conductas, nos ayuda a entender y saber si necesitamos intervenir o no. Aunque no hay directrices sólidas podemos apuntar algunas que recoge el autor James O ´Heare.

 

En un juego adecuado, ambos perros tienden a usar sutiles señales de comunicación como la reverencia de invitación, o las miradas rápidas (mirando de reojo al otro animal y que se puede identificar si nos fijamos, ya que se puede ver el blanco del ojo)

 

La señal principal de que el juego es adecuado es que todos los perros participan y consienten. Podemos verlos intercambiando roles de perseguidor-perseguido, haciendo paradas frecuentes o jugando con la boca como si les fuera la vida en ello sin llegar a rozar la piel con los dientes.

 

Apoyar la cabeza en el lomo del otro perro, apoyar las patas contra el cuerpo del oponente o los intentos de monta (incluso entre hembras) son otros tipos de juego que pueden observarse. Sin embargo, si se repiten de manera persistente o violenta, pueden envenenar el juego y conviene tener identificado qué le gusta y qué no a nuestro perro y hasta qué punto puede tolerar determinadas cosas. (De ahí la importancia de que el juego, para que sea bueno para todos los participantes, debe ser consentido)

 

Por ello, debemos estar atentos a las señales que nos indican que el juego se está yendo de las manos. Si uno de los perros es siempre perseguido y solo corre intentando escapar, conviene separar a los perros empezando, si es posible, por el perro perseguidor. En todo caso, debemos hacer una parada y rebajar tensión. Si a continuación ambos perros deciden retomar el juego, estaban a gusto. Si uno de ellos intenta escapar o esconderse, es mejor parar la actividad y dejarlo para otra ocasión.

 

Las vocalizaciones (gemidos, gruñidos, chillidos…) también ayudan a identificar lo que es permisible de lo que no. Si un perro gime puede deberse a un accidente (porque el oponente ha sido brusco) o a que el juego está degenerando en una confrontación subida de tono.

 

Normalmente, cuando uno de los perros provoca que el otro termine en el suelo gimiendo (caso relativamente frecuente de los cachorros y perros jóvenes cuando incitan a jugar a perros adultos que no están por la labor de seguirles el ritmo), la respuesta normal es que el perro que causó el gemido o revolcó al perro, se “disculpe” rápidamente, retirándose y dejando distancia entre ambos y/o mostrando comportamientos cut off (a modo de apaciguamiento) también conocidas como señales de calma, tales como girar la cabeza o/y el cuerpo, olfatear, lamerse los labios, bostezar…

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Si el perro que provoca la situación no ceja en su conducta, conviene parar la situación, llamarlo o retirarlo si está muy excitado y alejarlo momentáneamente.

 

Por otro lado, la escala de intensidad de las vocalizaciones también nos puede dar valiosas pistas. El gruñido es normal en el juego, pero si baja de tono y se vuelve profundo, puede que la situación se esté tornando tensa. Si las vocalizaciones se hacen más fuertes, frecuentes o aumentan en intensidad (los gemidos y gruñidos se producen en intervalos cada vez más cortos, se tornan más graves y casi no hay ladridos) la excitación está aumentando y puede descontrolarse.

 

En ese caso, separémoslos unos segundos (podemos llamarlos) y observemos si ambos quieren seguir jugando o no. La pausa también ayudará a bajar el nivel de tensión y excitación.

 

Lo ideal es que nuestro perro aprenda a jugar de forma efectiva. Si rompe las reglas del juego canino, lo ideal es que sepa disculparse adecuadamente y aceptar las disculpas de otros perros. El juego y los conflictos que pueden surgir durante su desarrollo pueden ser buenos si el perro los aprende a manejar bien y por eso conviene dejar que jueguen bajo supervisión. El enfrentamiento y la lucha nunca enseña nada positivo al perro así que, si notamos que la intensidad aumenta o que un enfrentamiento no se resuelve rápida y apropiadamente, debemos intervenir como garantes que somos de la seguridad de nuestro perro.

 

Los protagonistas de la entrada son Tomas (pastor alemán adulto) y Chelu (mestizo mediano de 2 años y medio aprox.) Activos, juguetones y cariñosos buscan familia y hogar.

Contacto: dan.asociacion@gmail.com

 

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Vuelta al cole con tu perro y Greta en busca de un hogar
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Rosa Roldán | 11-01-2016 | 10:53| 0

Simplificando mucho la Teoría del aprendizaje, los perros repiten los comportamientos que implican algún tipo de refuerzo y tienden a desistir de aquellos que no le suponen ninguna gratificación. En ocasiones, el entorno o la misma familia refuerzan la mala conducta de nuestro perro, aunque nosotros no busquemos ese objetivo. Por ejemplo, llevas semanas trabajando para que tu cachorro deje de saltar encima de la gente, puesto que ahora es pequeño pero, cuando llegue a adulto tendrá una envergadura importante pero, cuando sales al parque, siempre hay algún vecino al que no le importa y, hasta se lo pide, porque le “encantan los perros”. Es lo que llamo boicot del parque, puesto que confundimos al perro y mucho trabajo anterior, se va por la borda en un instante.

 

En otras ocasiones, nosotros mismos reforzamos por accidente la conducta del perro, por ejemplo, cuando le permitimos que tire hacia delante, aun cuando la correa va tensa hace mucho rato.

 

Por último, hay situaciones que no podemos controlar del todo. Por ejemplo, salir corriendo tras un gato, una bicicleta o un corredor puede ser muy divertido para el perro, pero comprometido para nosotros pero, sobre todo, para la seguridad del animal. En esos momentos, nos ponemos nerviosos y, en la mayoría de los casos, llamamos gritando a nuestro perro que, hace caso omiso de nosotros.

 

Por tanto, tenemos que tener claro que, las dos principales maneras de romper con las conductas problemáticas de nuestro perro son retirar cualquier tipo de refuerzo consciente o inconsciente de esa conducta y, sobre todo, darle una alternativa a cambio.

 

Todo este proceso requiere de una inversión de tiempo y paciencia pues hay que supervisar con celo las conductas que nos presenta nuestro perro (tanto las que no nos gustan como las que sí) para recompensar las que nos interesan, en su caso.

 

Practicando el paseo….

 

Por ejemplo, cuando nuestro perro tira de la correa, además de observar la conducta del animal para buscar alternativas, es igualmente relevante estudiar nuestro propio lenguaje corporal (podemos pedir ayuda a alguien o, incuso, grabarnos en vídeo) ya que, en muchos casos, no hay conexión entre perro y persona o el propio guía por inexperiencia o por malas experiencias previas (el perro tira en cuanto ve algo que le interesa), transmite su propia tensión al animal a través de la correa.

 

Por ello, es imprescindible aprender a usar nuestro movimiento corporal para guiar adecuadamente a nuestro perro, buscando su mirada e implicación en el juego del paseo y logrando mediante la práctica que la correa dibuje una ligera “sonrisa”, señal inequívoca de que se camina sin tensión.

 

Practicar de forma tutelada y gradual aquello que quieres mejorar con tu perro, por ejemplo el paseo o la llamada, te permite supervisar la situación de principio a fin y ofrece al animal, la posibilidad de trabajar en un entorno seguro y controlado para aprender a gestionar de manera diferente, situaciones rutinarias.

 

El próximo domingo 17 iniciamos la segunda edición del Programa Ciudadano Canino Ejemplar

 

http://perrygatos.es/perros/ciudadano-canino-ejemplar/

 

y 23 de Enero tenemos una nueva oportunidad de practicar paseo y llamada en nuestro Taller más popular.

 

http://perrygatos.es/perros/paseo-y-llamada/

 

Greta es una preciosa perrita de tres años y medio, recogida por la perrera de Logroño donde espera una oportunidad. Como otros tantos, solo necesita un poco de paciencia y cariño para sacudirse el miedo y timidez inicial… Buscamos para ella un hogar.

Te animas a ayudarla acogiendo, adoptando o, simplemente difundiendo?

 

Si puedes adoptar, acoger o apadrinar a Greta, escribe un mail a:

 

dan.asociacion@gmail.com

 


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Nuevo miembro peludo en la familia
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Rosa Roldán | 07-01-2016 | 9:40| 0

Un hecho cierto es que, tras las navidades, son muchas las familias que han incorporado un nuevo miembro en forma de perro o gato. Compartir nuestra vida con un animal resulta enriquecedor y, el hecho de que nuestros niños convivan con animales desde pequeños, fomenta el aprendizaje de valores como el respeto, la responsabilidad y la empatía.

 

Si la elección del animal ha sido adecuada al estilo de vida y horarios de la familia y trabajamos en su educación, todos disfrutarán de una relación especial con él, llena de momentos de complicidad y ternura.

 

En todos los casos, la primera tarea cuando llega el cachorro a casa, es visitar al veterinario que se encargará de velar por la salud del animalito y del resto de la familia a través de las pautas de desparasitación y vacunación más adecuadas en cada caso. Una vez en casa, a través de estos sencillos consejos, procuraremos que la llegada y adaptación del pequeño peludo sea lo más fácil posible para todos.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/nuevo-miembro-peludo/

 

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Preparando la vuelta a la rutina……
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Rosa Roldán | 04-01-2016 | 8:43| 0

Las vacaciones representan un cambio en la rutina de los animales y, al igual que ocurre con muchas personas, el regreso a casa, no les sienta a todos por igual. La vuelta a la normalidad puede resultar también muy dura para los perros pues es complicado explicarles las diferencias entre tiempo de vacaciones y tiempo de trabajo u obligaciones.

Para nosotros, supone el regreso al trabajo pero, para el perro, la vuelta de las vacaciones se convierte en vuelta al salón y a pasar muchas horas solo en casa.

 

Si durante estos días, has tenido la oportunidad de viajar con tu perro y has disfrutado de actividades diferentes, juegos, paseos y más tiempo con él, la vuelta a la realidad seguramente os costará a los dos. Por eso, igual que preparamos la salida, es preciso tener en cuenta la vuelta a la rutina para minimizar el impacto.

 

Preparando la vuelta a casa

 

Las vacaciones son para disfrutar así que, lo más probable es que, durante el tiempo de descanso, las buenas costumbres se hayan relajado un poco (o un mucho): No hay obligaciones, disponemos de mucho tiempo libre y no estamos tan pendientes de planificar las jornadas: Los paseos son más largos, no nos preocupamos de la alimentación, se relajan las normas de convivencia y nuestro perro se toma ciertas libertades que en casa no están permitidas (hace más o menos caso, pide comida de la mesa…). Como al fin y al cabo son vacaciones, también nosotros nos relajamos un poco y le damos poca importancia.

 

Sin embargo, nuestra falta de coherencia, puede suponer un problema al regreso, porque a nuestro perro le hemos permitido crear nuevos hábitos (algunos inadecuados) y puede costar recuperar las buenas costumbres. Por eso, si nos hemos relajado, es hora de ponernos manos a la obra y, unos días antes de volver a casa, hay que introducir algunos pequeños cambios para que la transición a la rutina sea lo más llevadera posible: Retomar los paseos habituales, alimentar al animal de forma regular y volver a tomarse en serio la buena educación canina. Todo ello de forma gradual ya que, de este modo, conseguiremos que el retorno a la normalidad sea más fácil para todos.

 

Una vez en casa…

 

Hay que tener un poco de paciencia para ayudar a nuestro perro a readaptarse a los nuevos horarios, así como retomar las buenas costumbres.

 

En ocasiones, tras haber disfrutado tanto tiempo de la compañía de su familia humana, al perro le cuesta volver a acostumbrarse a la soledad y, en algunos casos, nos encontramos con animales que jamás habían dado problemas pero que, a la vuelta de las vacaciones, muestran conductas poco adecuadas como ladridos, mordisqueo de objetos o destrozos. El animal ha perdido la costumbre de quedarse solo en casa y nos pide ayuda de la manera que él sabe.

 

Fastidiarte la vida no entra dentro de los planes de tu perro. Lo que le pasa es que está desentrenado en el apartado de quedarse solo en casa y es una situación que puede llegar a asustarlo.

 

Para evitar estas conductas asociadas a la mala gestión de la soledad, es conveniente mantener al perro ocupado con una estimulación adecuada: ejercicio físico adecuado, juguetes que le mantengan activo (por ejemplo, los que esconden comida), etc. Lo normal es que, al cabo de pocos días, vuelva a comportarse como siempre. Los perros, como las personas, también necesitan su tiempo de habituación pero, si el persiste durante demasiado tiempo en estos comportamientos, es recomendable consultar con el veterinario, puesto que quizá se trate de algo más: De un síntoma de depresión tras las vacaciones.

 

No es conveniente que el perro se sienta el centro de atención de todo, ya que el objetivo es conseguir que se acostumbre a su ritmo habitual y gestione de nuevo sus ratos de soledad. Si queremos anticiparnos al problema, es preciso prevenir, durante los días previos a la vuelta a las rutinas, evitando el exceso de atenciones hacia el perro. Lo ideal es mantener el ritmo habitual del día a día, para evitar problemas de ansiedad, al regreso a casa.

 

La vuelta a la alimentación también es importante. Conviene retomar horarios y raciones antes de la vuelta a casa. En algunos casos, sobre todo perros ansiosos con la comida, podemos ayudarles a reducir esa sensación, repartiendo la comida en más tomas, pero de menos cantidad cada una.

 

El control de esfínteres también puede verse afectado tras el periodo vacacional debido a los excesos culinarios unidos a mucho más tiempo al aire libre. Normalmente, se normaliza en unos días, una vez que se retoma la rutina habitual. De no ser así, es preciso consultar con el veterinario.

 

Algunos perros, pocos afortunadamente, sienten la necesidad de escapar a la mínima oportunidad en busca de acción. Las fugas de los perros son peligrosas, pues pueden acabar en accidentes y atropellos, así que hay que procurar que el perro tenga el nivel de ejercicio físico adecuado para que no sienta la necesidad de buscar nuevas aventuras. Es necesario retomar los paseos habituales y enriquecerlos con nuevas rutas, juegos de busca, estimulación olfatoria o escapadas especiales al campo los fines de semana. Se trata de “explicarle” a tu perro que tras las vacaciones, también se pueden disfrutar de muchos buenos momentos juntos.

 

Consejos para una buena vuelta a casa

 

Una buena idea es regresar unos días antes de retomar las obligaciones laborales, para evitar cambios de horarios bruscos nada más llegar. De esta manera, la adaptación se hace de forma paulatina y podemos valorar como lleva nuestro perro, el regreso de las vacaciones.

 

La vuelta a casa, puede ir acompañada de un baño relajante o de una visita al peluquero para sanear y poner guapo a nuestro compañero peludo.

 

Retomar la alimentación habitual unos días antes de la vuelta a la normalidad. Si notamos que el perro está inapetente o decaído, será preciso consultar con el veterinario.

 

Paciencia, largos paseos y mucho cariño pero sin caer en el exceso.

 

Las vacaciones son tiempo extra para perros y personas pero, antes o después, se acaban y, el regreso a casa y a las obligaciones, puede ser mucho más agradable para ambos si lo planificamos de forma progresiva, teniendo en cuenta las necesidades de nuestro perro.

 

Perrito

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