La Rioja
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El mayor respeto
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Teri Sáenz | hace 6 horas| 0
abuelo

El yayo Tasio contendría las ganas de darles un mandoble en la cara a cada uno de los tres, pero cogería a todos de las orejas y se los llevaría al pueblo. Les quitaría el móvil y sin cobertura ni nadie alrededor que les ría sus presuntas gracias, miraría directamente a esos seis ojos para conocer los porqués. Por qué desprecian a los demás. Por qué disfrutan abusando de los más débiles. Por qué la semana pasada se ocultaron detrás de unas máscaras y rociaron de nata a un anciano sentado en un banco que seguramente se parece mucho a Tasio con la cobarde intención de burlarse de él y subir su hazaña (sic) a Youtube para amplificar el desprecio. El abuelo ya barrunta que no encontrará respuesta. Alguien tan despreciable como para ser capaz de perseguir el placer mofándose del otro no puede ser capaz de articular ninguna razón. Un daño además que excede lo físico porque hiere en lo más profundo de la persona, en la dignidad que nadie, y menos tres niñatos sin moral, tiene derecho ultrajar de la manera más vil. Pero, sobre todo, porque su víctima principal ha sido un anciano al que todos (sus atacantes los primeros) deben un respeto mayúsculo por las canas que gasta, por el tiempo que ha vivido y tal vez sufrido, porque si una sociedad es incapaz de apreciar y defender a sus mayores tiene su futuro podrido. Mientras esos tres jóvenes sobre los que pesará para siempre el asco y la repulsa miran seguramente a Tasio sin una pizca de arrepentimiento, el abuelo se congratulará en la confianza de que son una anécdota. Que en la mayoría de los chavales de su edad late un sentimiento de educación hacia todos en general y hacia los más veteranos en particular.

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Recordar para vivir
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Teri Sáenz | 17-08-2018 | 09:50| 0
recuerda

Ingresar en los dominios del yayo Tasio es adentrarse en un abigarrado parque temático de lo aparentemente inútil. Aunque la casa no es ni mucho menos grande, con el tiempo ha desplegado una portentosa habilidad para estirar las estancias donde apilar los objetos más variopintos. En su afán de recopilación no hay síndromes ni locura. Todos los cachivaches reposan almacenados en el mismo espacio donde respira como en una gran empresa de logística, con la única diferencia de que el abuelo es el único gerente de sí mismo capaz de orientarse en ese orden anárquico. Basta con preguntar al domador del caos por una foto concreta, las primeras gafas que le recetó el oftalmólogo, la camisa con que se casó. Tasio penetra en su particular manglar, aparta lianas de polvo y telarañas y extrae como por ensalmo el objeto invocado. Los trastos forman montañas hasta el techo. Han saturado las cómodas, colonizado estanterías, cubierto paredes, conquistado los bajos de la cama, los altillos de los armarios. No hay rincón sin apreturas. En el universo privado del yayo hay de todo. Y no es una manera de hablar. En algún lado que sólo él conoce reposan fotos de la primera comunión. De la suya y del resto de la familia. A su lado, invitaciones de boda escritas con letra gótica (se ruega confirmación) y los recortes de esquelas de quienes conoció alguna vez. Los souvenirs que le trajimos de todas las vacaciones, la trenza de mi hermana cuando decidió llevar el pelo corto, la llave de hierro de la casa del pueblo en ruinas… Alguna vez, cuando temo que esas torres de chismes fatuos nos sepulten, le sugiero que se deshaga de algunos. Y él me pregunta con estupor por qué quiero amputar los recuerdos. Borrar su memoria. Que muera en vida.

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Campamento de verano
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Teri Sáenz | 13-08-2018 | 17:16| 0
tienda-de-campana

La España Vacía trae como efecto colateral la desaparición de pueblos y con ello, la materia prima básica para que un niño pueda cursar asignaturas troncales en su formación emocional. Sin ese entorno rural aún sin desbastar cada vez se hace más complejo experimentar sensaciones como buscar la sombra debajo de una higuera salvaje, pincharse con las ortigas del camino, engullir a deshoras comida que en la propia casa jamás cataría o localizar una poza donde adentrarse con los pies descalzos sintiendo las punzadas de las piedras del fondo y viendo a los alevines huir cada vez que el chaval está a punto de resbalarse. El sustitutivo para quien aún cree que perder el tiempo aporta más nutrientes que aprovechar los meses de verano aprendiendo idiomas en el extranjero o exprimiendo otras capacidades intelectuales es el campamento. La oferta es infinita. Campamentos de aventura y temáticos. En la otra punta del mundo o a escasos kilómetros del propio hogar. Campamentos en tiendas azulonas a la intemperie y letrinas de cal o con literas en un albergue higienizado. A todos, sin embargo, les falta verdad. Como esos sucedáneos en los que el consumidor cree comer naturaleza en vez de plástico procesado, el campamento trata de suplir las proteínas rurales con un envoltorio de celofán. Los padres reciben puntualmente fotos del mocete regando un huerto, mirando ovejas a través de la valla, bebiendo a morro de la fuente. Y cuando vuelven a casa estreñidos con las rodillas marcadas de postillas y la pulsera de hilo que han tejido para regalar a sus papás, aún no saben que aquello no convalida pasar el verano en uno de esos pueblos cada vez más escasos donde la autenticidad no se compra por quince días.

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Manual de uso
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Teri Sáenz | 09-08-2018 | 09:40| 0

libros

Hágase con uno. O hasta con varios. No es ni siquiera obligatorio que lo compre. Puede tomarlo prestado temporalmente de una biblioteca pública y, en caso de que tenga un sentido extremo de la propiedad y opte por adquirirlo, dispone de una amplísima de gama de precios, tamaños y niveles de desgaste. El contenido desaeado también está en su mano. Las opciones respecto a la historia que esté escrita en sus páginas son inabarcables. Sólo depende de sus gustos, aunque si me permite una sugerencia, le aconsejo un punto de infidelidad y decantarse por criterios subjetivos. Déjese embaucar por el diseño de la portada, el olor que desprende la tinta o el comentario estimulante de algún conocido que ya lo haya leído. Si usted se fía de alguien, su criterio literario no puede ser malo y podrá así tejer una red invisible de referencias mutuas muy útiles cuando ya no queda nada que decir. Incluso si al llegar al punto final no experimenta esa satisfacción plena que le habían pronosticado, también eso le avalará para poder discutir sin ningún afán más allá que la porfía inútil. Déjese llevar. Picotee entre títulos improbables, autores ignotos, obras denostadas por la crítica, géneros en los que nunca haya militado. El volumen que se caiga de la estantería cuando esté rebuscando entre los anaqueles también es un buen candidato. Puede atreverse con los clásicos sin renunciar a explorar nuevos territorios. Y viceversa. La oferta es casi infinita y el tiempo, aunque limitado, se estira misteriosamente cuando la lectura se convierte en vicio. No se preocupe si el papel se arruga, si le caen unas gotas de aguas o alguien ha subrayado antes una frase certera. Ese libro es ahora un libro único.

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Lentitud
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Teri Sáenz | 09-07-2018 | 11:59| 0
baston

Iba con prisa. Muchísima. Tanta que ni recuerdo a dónde tenía que llegar indefectiblemente a una hora fijada. Aceleré a fondo, los neumáticos chirriaron y negocié las dos primeras rotondas apurando la frenada. En una de las rectas de mi camino se interpuso un paso de cebra. A un lado, un abuelo a punto de atravesarlo. Al otro, su destino. En un instante calculé mentalmente las probabilidades de pisar a fondo para esquivar el obstáculo sin que me convertiera en noticia del periódico al día siguiente. El cerebro, sin embargo, me dijo frena. Y frené. El anciano no se dio cuenta ni de mis urgencias ni de que su integridad física había estado en riesgo durante una fracción de segundo. Se limitó a posar su cachava sobre el asfalto para iniciar el tránsito. Lento. Muy lento. Tan lentamente que de pronto el tiempo se congeló. Las golondrinas que volaban por encima de nosotros quedaron suspendidas en el aire. Dos ciclistas que volvían de su ruta mañanera mutaron en estatuas sobre los pedales. El aire dejó de correr. Mientras tanto, el abuelo prosiguió su maratón de apenas dos metros ajeno al mundo. Justo frente a mí, tuve que afilar la mirada a través de la luna delantera para certificar que aquel señor estiraba una pierna. Fijaba el pie y luego ordenaba desplazarse al otro antes de volver a posar el bastón para no caer. Era el secundario de una de esas películas iraníes donde los actores se mueven como perezosos en un plano fijo donde no ocurre nada. No sé cuantos minutos (¿o fueron horas?) transcurrieron hasta que hizo cumbre al otro lado del paso de cebra. Sólo recuerdo que fue el tiempo suficiente para que mis prisas se esfumaran. El anciano me contagió toda su calma y yo, por supuesto, llegué a tiempo.

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Un solo dedo
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Teri Sáenz | 03-07-2018 | 08:07| 0
dedo

El yayo Tasio añora el dedazo. Recuerda con melancolía cuando al líder le salían canas en el bigote o simplemente una mañanba decidía que ya estaba harto no se sabe si de los suyos o de los otros y decretaba un sucesor. El anuncio inyectaba una dosis de orfandad entre las bases tanto como excitaba a su círculo más próximo. Los afiliados se ponían en manos de esa decisión unipersonal que se dilataba en el tiempo para concederle mayor solemnidad, mientras los virtuales candidatos a heredar el trono afilaban palabras de humildad, abnegación y compromiso poniéndose a disposición de lo que decidiera dios (digo el partido) aunque en su interior les ardieran las ansias de poder. Para qué dar la palabra a esa militancia ignorate, desprovista de la sabiduría que sólo se adquiere al albergar en despachos con moquetas mullidas y sillones de cuero noble. El líder demoraba el fallo dejándose halagar por sus delfines, con el pecho henchido al escuchar cómo los afines le rogaban que se pronunciara para no perder la fe. El día menos pensado pontificaba la buena nueva con la seguridad de que había acertado. Porque si el sucesor lo hacía bien sería porque había aprendido de su maestro. Y si la pifiaba y el legado empezaba a resquebrajarse, sacaría lustre al propio orgullo desde su retiro dorado convencido de que sólo él había sido capaz (y podría volver a serlo si le invocasen) de llevar las riendas con firmeza. Ni primarias ni hostias, que las carga la desmemoria. Que luego los que regalaban reverencias mutan díscolos y hasta quienes nunca hablaron osan ahora alardear de lo que se dejó de hacer en vez de lo que se hizo bien. Si hasta alguno ya no reconoce al líder que fue ni aquel refulgente dedo que una vez soñó en la intimidad que le señalara a él.

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El nombre es el mensaje
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Teri Sáenz | 10-06-2018 | 11:45| 0
ministros

El nuevo Gobierno socialista aún no ha dado un paso ni movido casi un papel y ya ha concitado un consenso mayoritario sobre la calidad y entidad de sus integrantes. Y no sólo en los militantes acérrimos que hubieran aplaudido cualquier cartel por desalojar al PP, sino entre simpatizantes de otras siglas y, sobre todo, los flancos del propio PSOE que nunca han confiado en un Pedro Sánchez que hace bien poco habían enterrado los suyos y ahora emerge con el fulgor que sólo el poder es capaz de imprimir. A veces un gesto vale más que mil acciones. Y Sánchez lo ha aplicado con nota. Igual que cuando asomó a la primera línea pública andaba ansioso por epatar y explotar su figura de galán de la neopolítica lo mismo entrando en directo en un plató de telebasura que batiendo el récord mundial de selfies de la plaza más recóndita, ahora que se enfrenta a la debilidad de los escaños en el Congreso se ha hecho fuerte en el mensaje que traslada la elección de su gabinete. Una selección que puede resultar más compleja que cosechar votos en las urnas porque ha de guardar equilibrios de todo tipo (de corrientes internas, de género, de colectivos influyentes, territoriales, mediáticos, electorales…) para atender todos los frentes sin perder de vista lo básico: formar un equipo capacitado para una gestión de la máxima responsabilidad que por definición jamás contentará a todos. Un repaso a gobiernos precedentes confirma esa dificultad, con ministros impostados que casi nadie recuerda o son recordados por sus errores. Señalar a un experto en cada área con una reputación consolidada antes de ocupar el cargo parece tan elemental que se hace raro no haberlo practicado con más frecuencia. Un nombre, una expectativa.

Fotografía: Javier Lizón / EFE

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El pueblo unido
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Teri Sáenz | 15-05-2018 | 08:28| 0
teruel

Hace ahora una semana a 40.000 personas les dio igual que saliera un domingo soleado después de un invierno eterno. En vez de aprovechar el buen tiempo para tirarse a la bartola en algún pueblo, salieron de sus respectivos pueblos para citarse en una ciudad alejada en demanda de inversiones, mejores infraestructuras, comunicaciones propias del siglo XXI y oportunidades reales de empleo. Los manifestantes, llegados desde decenas de pequeñas localidades amenazadas por el fantasma del olvido pero que juntos suman más habitantes que alguna capital de provincia, unieron sus voces para reclamar algo tan elemental como poder seguir viviendo donde lo hacen con unos servicios dignos y derechos idénticos a los de entornos con censos más densos. Como puede observar, el catálogo de peticiones es prácticamente calcado al que de un tiempo a esta parte ha ganado enteros en la agenda política de La Rioja, tanto del Gobierno como de la oposición. Ya sabe: España vacía, demotanasia, la agenda de la población, el reto demográfico y tal. La principal diferencia es que la imponente marcha celebrada hace ahora siete días no estaba integrada por riojanos, sino por turolenses. Y no tuvo lugar en Logroño, sino que discurrió por el centro de Zaragoza. Está por ver que los aragoneses logren su propósito. Lo que ya han conseguido es demostrar su fuerza, acuñar un lema, abanderar una demanda que es la de buena parte del país. Puede que su grito acabe en saco en roto. O también que cuando se repartan fondos y oportunidades de futuro se priorice a quien con más energía lo reclama y obvie a quien mastica el silencio. El que no llora no mama. Y el que no sale a gritar por lo suyo, tampoco.

Fotografía: Periódico de Aragón

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Relatos y preguntas
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Teri Sáenz | 07-05-2018 | 08:39| 0

terrorismo

Para que un relato enraíce en la memoria más allá de los hechos son necesarias dos partes para abonarlo: quien lo pronuncia y el que lo escucha. La fijación por imponer el de las víctimas frente al de ETA requiere que ambos ingredientes se complementen adecuadamente. Aquellos que fueron cómplices por obra, aplauso u omisión de los años en que los atentados eran constantes jamás compartirán las palabras de los asesinados y sus familias. Donde hay que ahondar es en los oídos incontaminados que carecen de cualquier referencia. Es lo que pretende el proyecto impulsado por el Ministerio del Interior en colaboración con las asociaciones de víctimas en la cual quienes sufrieron la lacra del terrorismo se limitan a eso: contar con la mayor asepsia que permite el dolor qué les ocurrió a unos adolescentes ajenos por edad y contexto a aquellos días, a aquella sociedad en que las miradas y la presión social en sus variantes más crueles eran parte de la munición. La charla que inauguró en el IES Batalla de Clavijo la iniciativa en La Rioja fue sintomática de cómo recibe un relato contado ya decenas veces quien jamás lo ha escuchado en primera persona. La audiencia fue más allá de la descripción por parte de Marisol Chavarri del asesinato de su padre en 1979 en Beasain y las preguntas al final de la charla denotaron el poder que el recuerdo de un suceso tan trágico puede insuflar para evitar que se repita. ¿Todos los vascos eran los ETA (sic)? ¿Por qué no se investigaron muchos asesinatos? ¿Quién seguía a las víctimas para preparar el atentado? Y el interrogante que adolescentes con la mirada aún inmaculada comparten con quienes vieron directamente esas muertes: ¿cómo pudo llegar a ocurrir algo así?

Fotografía: Sonia Tercero

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La brecha religiosa
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Teri Sáenz | 30-04-2018 | 09:19| 0
islam

Como era de prever, la implementación de la asignatura de religión islámica en La Rioja el próximo curso no ha contentado a nadie. La comunidad musulmana sigue juzgando insuficiente el criterio de progresividad en la implantación y la elección de sólo cinco centros para impartirla, además de insistir en la necesidad de contemplar en la preinscripción la religión elegida. La Consejería alude sin excesiva convicción a la obligatoriedad de cumplir con la legislación vigente –pese a que durante años se ha resistido a ello hasta el pronunciamiento firme de los tribunales– y las familias de los niños que acuden a los colegios e institutos señalados se dividen entre el aplauso, la resignación y el silencio a hacer público el malestar que rozaría lo políticamente incorrecto. El hecho es que, al menos en Logroño, las aulas elegidas, ninguna de ellas concertada, se encuentran en un radio de unos pocos cientos de metros. Si la distribución social de la ciudad ya venía conformando una clara asimetría respecto al nivel de inmigración que acogen determinados clases respecto a otras, es más que presumible la inclusión de la asignatura de islam ahondará en esa brecha. Quienes vacilaban si matricular ahí a sus hijos a consecuencia de ese desequilibrio no es muy probable que así despejen sus dudas. Los que han perseguido durante años que la asignatura de islam tenga la misma consideración académica que la católica es probable que se decanten por llevar en bloque a sus hijos a estos colegios. Una palada más para apuntalar esa palabra en la que todos piensan pero pocos verbalizan: gueto. Una realidad que carga de razones a los que vienen reclamando sacar de las aulas la religión. Todas las religiones.

 

Fotografía: Justo Rodríguez

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