La Rioja
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Eutanasia
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Mayte Ciriza | 04-07-2018 | 17:16| 0

Se lanzó a las vías en cuanto oyó el sonido del metro, pero se adelantó unos segundos a la llegada y al joven que estaba a su lado en el andén le dio tiempo de lanzarse detrás de ella y empujarla a la otra vía salvándole la vida, justo cuando entraba en la estación la cabecera del convoy. El vídeo de las cámaras de la estación se pasó por todas las teles, y los medios entrevistaron al joven estudiante que, arriesgando su vida, había evitado el suicido de aquella mujer. Todos lo consideraron un héroe y todo el mundo valoró que había hecho lo correcto.

Estamos de acuerdo en que hay que evitar un suicidio y ayudar a la persona que lo intenta para aliviar su sufrimiento psicológico. En cambio, no existe ese gran acuerdo social cuando quien lo intenta tiene una enfermedad física. La semana pasada el Congreso de los Diputados ha aprobado la tramitación de un proyecto de ley para despenalizar la eutanasia en casos de enfermedad grave e incurable o discapacidad grave crónica. El de la eutanasia es un debate ético y moral que va más mucho allá de una mera posición partidista.

Hace un par de semanas pude estar en Vitoria, donde se celebraba el ‘Congreso Internacional de Cuidados Paliativos’, con el Dr. Eduardo Bruera, director de cuidados paliativos en el Anderson Cancer Center de Houston. El Dr. Bruera explicaba que cuando se está enfermo el apoyo a la eutanasia baja de forma radical. Una cosa, explica, es tomar posición al respecto cuando se está sano y otra muy distinta cuando se está enfermo, porque el enfermo lo que quiere es vivir, por encima de todo vivir. Y que la clave está en los cuidados paliativos.

Todos tenemos derecho a una muerte digna, a que no se prolongue de forma irracional y desproporcionada el proceso final de la vida, tenemos derecho a que se administren todos los tratamientos adecuados para paliar el sufrimiento y tenemos derecho a morir en paz. Pero una cosa es esto y otra la eutanasia, que es un fracaso social y médico ante la vida. La ética médica se basa en eliminar el dolor, curar la enfermedad y aliviar el sufrimiento, no en eliminar al paciente.

La eutanasia, además, acentúa la desigualdad social como decía este experto mundial: ‘Si se legaliza la eutanasia antes de tener los mejores cuidados paliativos para la mayoría de la población, estaremos favoreciendo la desigualdad social’. Porque los pacientes más vulnerables, con menos recursos o en peores circunstancias serían más propicios a solicitar la eutanasia para evitar el sufrimiento extremo. Además, ¿qué valores transmitiremos a nuestros hijos si les trasladamos que los enfermos o las personas con discapacidad no merecen la máxima protección de la sociedad? La solución es reforzar con más medios los cuidados paliativos y no la eutanasia.

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No hace mucho. No muy lejos
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Mayte Ciriza | 04-07-2018 | 17:14| 0

Todas las teles y radios conectaban en directo el domingo por la mañana con Valencia para retransmitir la llegada del buque Aquarius con 630 inmigrantes que ni Italia ni Malta –los países más cercanos al barco errante- querían acoger. Es una muestra de humanidad haberlos cobijado.

Me pregunto cómo será la vida de cada uno de ellos, de tantos otros que no tienen el foco de las cámaras, para atravesar medio continente africano, cruzando un desierto, pagando a las mafias que trafican con personas y lanzarse al mar en pateras buscando un futuro de esperanza. Sobre todo me estremece pensar en cómo será la vida de esas mujeres embarazadas o con hijos pequeños que se arriesgan a morir en alguno de los miles de kilómetros de sufrimiento.

Cada día llegan a nuestro país y al resto de países del sur de Europa miles de inmigrantes y los acogemos, y les ayudamos. Es para sentirse muy orgullosa de pertenecer a un país y a una Unión Europea que les procura la oportunidad de salir adelante. Pero toda la parafernalia y el espectáculo que se ha organizado en torno a la llegada del buque Aquarius tienen un punto de obsceno, de exageración, de sobrerrepresentación, de derroche de propaganda.

Personajes destacados han llegado a afirmar: “Hoy es un día histórico, hay un antes y un después”, como si nunca antes hubiéramos sido una sociedad solidaria que ha acogido, apoyado y atendido a miles, millones de inmigrantes, que viven y conviven en nuestros países, en nuestras ciudades, en nuestras calles y en nuestros portales. Ni que este fuera el primer buque de inmigrantes que llega a Europa. Pateras como en las que iban los inmigrantes que subieron a ese barco hay muchas y todos los días. Está bien tener gestos, pero que el gesto no sirva tan solo para calmar nuestras conciencias. Hemos recibido al Aquarius, bien hecho, ¿y después, qué?

Hace unos fines de semana pude ver la exposición “Auschwitz”, absolutamente sobrecogedora, y piensas cómo fue posible que los nazis asesinaran a millones de judíos ante la indiferencia de la propia sociedad alemana y de tantos países. El lema de la exposición es “No hace mucho. No muy lejos”. En este caso no se trata obviamente de una persecución, pero hay un elemento común: la indiferencia ante la situación terrible de pobreza de millones de personas en tantos países de África.

Por eso hay que ayudar a esos países a salir de la pobreza o de la guerra que corroe todo, que empuja a sus gentes a buscar un futuro. Que dentro de unos años nuestros hijos o nietos no puedan decir que nuestra generación fue indiferente ante tanto sufrimiento, que nadie pueda afirmar que los dejamos morir de miseria o por la guerra en sus países, que nadie pueda reprochar que permitimos que murieran ahogados por miles en el mar. Que no puedan titular “No hace mucho. No muy lejos”.

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Esas manos
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Mayte Ciriza | 12-06-2018 | 16:52| 0

Es una de las imágenes de la página de la historia que hemos vivido esta semana. Después de triunfar la moción de censura, uno de los líderes de Podemos, Juan Carlos Monedero, a la entrada del Congreso de los Diputados, agarraba por los hombros a la Vicepresidenta del Gobierno, y la mantenía sujeta mientras le espetaba: “Me alegro de que os vayáis”. A lo que Soraya Sáenz de Santamaría contestó: “A mí no me gusta que lleguéis, pero esto es la democracia”.

Cuando vi la escena me pareció una muestra de machismo. ¿Se lo habría hecho a un hombre? Monedero no se atrevió a sujetar por los hombros con los brazos extendidos a ningún Ministro para decirle eso mismo. Podría haberse atrevido con Iñigo Méndez de Vigo o Iñigo de la Serna, que son más grandes que él. No, tenía que hacerlo con una mujer, y más pequeña, él, el machote.

¿Nos podemos imaginar por un momento a Rafa Hernando cogiendo de la misma manera a Irene Montero y diciéndole algo así como “cuánto me alegro de que no gobernéis” cuando se formó el Gobierno de Mariano Rajoy? Habría tenido que irse del país.

Monedero, además de esa actitud machista, puso de manifiesto su falta de respeto y que no sabe ganar. No se coge a nadie por los hombros para restregarle una victoria. Además de poco elegante, no parece muy democrático. En la vida es más frecuente perder que ganar, y hay que saber gestionar tanto los éxitos como los fracasos.

Cuando los tenistas acaban un partido se dan la mano. No imagino a Rafa Nadal agarrando por los hombros a Federer para decirle: “Me alegro de que hayas perdido”.  Saber ganar supone no humillar al vencido, ser generoso y reconocer sus méritos. Saber perder implica admitir la derrota, asumir las consecuencias y felicitar al adversario. Que ganes una vez no significa que lo hagas siempre, de la misma manera que perder una vez no significa que todo esté perdido. Tan importante es saber manejar la frustración que producen los fracasos, como no humillar ni ir de sobrado cuando se logra un éxito en la vida.

Después de las críticas en las redes sociales, Monedero ha pedido, de esas maneras, disculpas por la escenita que montó. Soraya tendría que haberle dicho lo que muchas sentimos al ver esas imágenes: “Pero, ¿por qué me agarras? Quítame esas manos de encima”. Y es que el machismo, el paternalismo, la soberbia, la falta de respeto, la prepotencia, están concentrados en esas manos.

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Tiempo perdido
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Mayte Ciriza | 12-06-2018 | 16:47| 0

Durante toda la semana muchos estuvieron haciendo apuestas sobre las canciones favoritas para el Festival de Eurovisión de este año, sobre las coreografías, el estilismo y si esa pareja insoportable, empalagosa, sosa y cursi que ha representado a España iba a darse un beso en el escenario. El sábado por la noche estuvieron colgados de la tele viendo las actuaciones y las votaciones. El lunes iba a ser el tema de conversación y había que estar al tanto para poder opinar. Pues no lo vi. Tampoco este año vi ese coñazo insufrible de Festival. A cambio, esas horas que compartimos con unos amigos las disfruté especialmente, haciendo exactamente lo que quería hacer en ese momento.

¿Cuántas veces en la vida hacemos lo que no nos apetece por seguir la corriente, por un compromiso o por postureo? ¿Cuántas veces hemos visto hasta el final una película que no nos gustaba pero que “había que ver” porque era la más taquillera? ¿Cuántas veces nos hemos terminado el libro del que todo el mundo habla aunque se nos caía de las manos?

Muchas veces tenemos que hacer lo que no nos gusta o sin pararnos a pensar nos dejamos arrastrar por lo que se lleva. Y no siempre podemos elegir, el día a día te arrastra, hay tantas obligaciones y tantos compromisos a los que no puedes decir que no, que cuando de verdad somos dueños de nuestro tiempo, esas horas en las que hacemos lo que nos apetece valen doble.

Cuando eres joven estás más condicionado por los juicios de los demás, por las etiquetas, por la aceptación de los otros y supeditas una parte, a veces importante, de tu tiempo a ello. En algún momento de la vida esto empieza a darte igual, y sin enfrentarte a nadie, buscas esos espacios para ser tú misma. Y esos espacios son los que te reconcilian con la vida.

Tampoco es cuestión de romper radicalmente con todo, pero negarse a algo es tan imprescindible como afirmarse: hay que ser positivo y decir “no” de vez en cuando. No debemos pretender hacerlo todo o tenerlo todo; lo que puede parecer renunciar a algo, muchas veces se convierte en una liberación.

Con los años vas aprendiendo lo que de verdad importa, lo que realmente merece la pena, lo que te da paz, con quién quieres estar. Una de las pocas ventajas de cumplir años es que te vas liberando de las ataduras de esas obligaciones que te has ido creando, y aprendes a decir que no cuando te das cuenta de que nunca vas a recuperar el tiempo perdido.

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Compensa
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Mayte Ciriza | 12-06-2018 | 16:42| 0

El anuncio comienza con una voz de fondo que dice “después de pagarle las 63 clases prácticas de la autoescuela y de quedarse con tu coche”, mientras la madre se acerca al coche que conduce su hijo y desde la ventanilla le dice “¿me acercas un momentito al centro?” a lo que el hijo le contesta “Mama, ¿qué te has pensado? ¿que soy tu chófer?”. La voz de fondo dice entonces “¿Ser madre compensa?” En la escena siguiente, la madre está dentro del coche y mira, sonriente, un cupón de la ONCE del día de la Madre, mientras se lee “compensa, y mucho”.

El pasado domingo celebrábamos el día de la Madre, y además de las llamadas de rigor, de algún que otro detalle (siempre escasos), además del anuncio de la ONCE –que con una habilidad increíble siempre nos recuerda los días señalados- circulaban por esa red incansable que es guasap cientos de mensajes y vídeos muy divertidos, y muy certeros, sobre el papel de las madres. “Nada está realmente perdido hasta que mi madre no puede encontrarlo”, decía uno. En otro aparece una madre que dice “estaba deseando que pasara el fin de semana y llegara el lunes para descansar”, y en la siguiente pantalla aparece “ya no te digo nada si es puente”.

En otro anuncio de la ONCE también para el mismo sorteo, la madre dice “después de hacerle la cama y de colarle el zumo, porque la pulpa no le gusta, todas las mañanas, hasta que se fue de casa, le pides que te ayude a instalar el router, va mi hija y me contesta: “pero, ¿es que no sabes hacer nada sola?. ¿Ser madre compensa?”. Los anuncios de este año del cupón de la ONCE del día de la Madre son absolutamente geniales, se desmitifica la versión edulcorada y almibarada de la relación maternal, y frente a la ñoñería con que tantas veces se presenta la maternidad, son como la vida misma.

La maternidad, y la paternidad, son algo duro, muy sacrificado, que no se terminan nunca. Con hijos, el día siempre tendrá pocas horas. Sin darte cuenta tu hijo ha pasado del “mamita, ¿puedo dormir en vuestra cama?” mientras te achucha y llena de besos, al gruñido desde el fondo de su habitación: “¿es que no sabes llamar antes de entrar?”. Una no sabe de verdad lo que es ser madre (o padre) hasta que no tiene hijos. Ser madre es lo único que es para toda la vida, no vas a poder dormir del tirón durante años, vas a estar preocupada porque están enfermos, porque tienen problemas con los estudios, porque les deja el novio, por lo que sea. Son una fuente permanente de preocupación, de desvelos y de renuncias, aunque las cosas vayan bien. El cuponazo anunciaba un premio de 17 millones de euros. No hay dinero para pagar lo que es ser madre. Y aún así, más allá de todo esto, como dice al final el anuncio, ser madre compensa, sí compensa.

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Campeones
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:31| 0

Álvaro es ordenanza en el Ayuntamiento, informa y orienta a la gente que entra, lleva  documentación de un departamento a otro, hace fotocopias y organiza y tramita la correspondencia. Tiene siempre una sonrisa en la boca y lo hace todo con un entusiasmo envidiable. Alvaro tiene síndrome de Down.

Marina trabaja como camarera en un restaurante, se encarga de tomar nota de la bebida, de recoger y limpiar las mesas, de prepararlas para la siguiente comanda y de entregar los abrigos al salir. Pone todo el empeño del mundo en su trabajo y crea un rollo estupendo con los clientes. Gloria tiene una discapacidad intelectual.

Jóvenes como Álvaro y Marina luchan por salir adelante, trabajan, no todos viven con su familia, algunos incluso viven solos, otros en pisos tutelados compartidos con otros jóvenes con discapacidad. Jóvenes como Álvaro y Marina son los verdaderos protagonistas de “Campeones” de Javier Fesser, una película que no te puedes perder.

En “Campeones”, Marco (interpretado por Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo español de baloncesto de primera división. Lo despiden del equipo, tiene problemas con su mujer y con casi todo lo que le rodea, y mantiene una actitud negativa ante la vida. Estrella su coche por conducir borracho y la juez le ofrece realizar trabajos sociales en beneficio de la comunidad para evitar la cárcel, en este caso entrenar un modestísimo equipo de baloncesto formado por jóvenes con discapacidad intelectual. Marco es un analfabeto emocional, que desprecia a las personas con discapacidad y que hace todo lo posible por escaquearse, pero a lo largo de la película la experiencia con estos jóvenes le transforma. Le transforma en una buena persona.

La película es una mezcla deliciosa de humor y ternura, con una capacidad extraordinaria para emocionar, que te hace reír y llorar. Los jóvenes con discapacidad no son actores, aparecen en la película tal como son, por eso es tan auténtica, que es una de las claves. En esta sociedad de postureo y de adornarse con másteres inexistentes, estos chavales son la esencia de la autenticidad, de la sencillez, de la cercanía, un ejemplo de humanidad.  En un mundo empeñado en poner etiquetas a todo, estos jóvenes rompen los estigmas y miran todo sin prejuicios.

Se aborda la realidad de estos jóvenes de frente, sin paternalismos, con naturalidad. Llama la atención su falta de prejuicios y su compañerismo, son un equipo en la victoria y en la derrota. Espero que sirva para darles visibilidad y favorecer su integración.

Los jóvenes que aparecen en esta película son la muestra de tantas personas con capacidades diferentes que luchan cada día por superarse a sí mismas, por trabajar, por salir adelante. Son más, mucho más que campeones.

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Las kellys
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:29| 0

Sales de la habitación del hotel y siempre ves un carro alto, enorme, en el pasillo, lleno de cosas: de sábanas y toallas limpias, de productos de limpieza y de higiene personal, de trapos, de cubos y fregonas. Cerca hay siempre una mujer con uniforme entrando o saliendo de las habitaciones que limpia y pone en orden y que saluda amablemente a los clientes, aunque muchos ni las ven. Son las que se autodenominan “Las Kellys”, una manera coloquial de referirse a “las que limpian”. Son casi invisibles, pero si la habitación no está perfecta, el cliente pone el grito en el cielo. Pensando en la persona que limpia siempre intento dejar la habitación del hotel lo más recogida posible.

Las kellys son mujeres que limpian habitaciones de hotel, a través de servicios muchas veces externalizados, que cobran en torno a 2 € por habitación y que trabajan contrarreloj para dejar impecables en torno a 20 o 25 habitaciones diarias por salarios que difícilmente sobrepasan los 700 € al mes, por más de 8 horas diarias de trabajo. Los hoteles tienen que ajustar los precios por la presión de las plataformas de reserva por internet, como Tripadvisor o Booking. Y esto repercute en los sueldos de los que trabajan en el sector.

No son las únicas en estas condiciones. Fuimos con nuestros amigos a una cena que había organizado una pareja que nos querían presentar en Madrid. Era un encuentro informal y se trataba de picotear algo. Después de las presentaciones, nos dijeron que el repartidor de Deliveroo se retrasaba. Al cabo de un rato apareció sudoroso un chaval que había venido pedaleando con la comida en una enorme caja a la espalda.

Hasta entonces no había querido encargar nada a través de esas aplicaciones de móvil que hacen de intermediarios entre el restaurante y el consumidor, explotando a los que llevan el pedido. Los llaman “riders”, es decir, “jinetes”. Jinetes en bici. Nunca he querido contribuir a esta nueva esclavitud.

Cada vez que los veo pedalear sin descanso por las calles con esos contenedores isotermos en la bici, cobrando una miseria por cada pedido y teniendo que darse de alta como autónomos –lo que se llama falsos autónomos-  haciendo un montón de horas al día, a 4,25 € el pedido (da igual la distancia), de manera que ni siquiera llegan a 700 € al mes, pienso que algo estamos haciendo mal. En cambio, las plataformas de internet que gestionan estos pedidos se forran. Por ejemplo, Deliveroo ganó en 2016, 145 millones de euros. A costa del trabajo precario de miles de falsos autónomos.

La semana pasada Rajoy recibía en Moncloa a una representación de “Las Kellys”, las camareras de piso de los hoteles. Espero que el hecho de que el Presidente del Gobierno las haya recibido sirva para que, además de hacerlas visibles y tomemos conciencia de su condición, mejore su situación laboral y aumenten sus míseros sueldos y los de tantos otros trabajadores en nuestro país. Las kellys y los repartidores de comida a domicilio son una muestra de la precariedad laboral, pero no son los únicos. Hay muchos trabajadores en nuestro país que son “Kellys”.

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Sin protección
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Mayte Ciriza | 17-05-2018 | 18:26| 0

Entré hace unas semanas a mirar casas rurales en La Rioja para unos amigos que vienen por aquí estos días de Semana Santa y poder recomendarles algo y desde entonces, cada vez que entro en internet, me aparecen anuncios de casa rurales en La Rioja y alrededores.  Salgo de casa a primera hora de la mañana para ir a mi trabajo y sin haber tecleado nada en el móvil me aparece un mensaje en el que me dice lo que voy a tardar en llegar. Consulté horarios de vuelos y desde entonces me aparecen también en internet ofertas para ese destino.

Estamos controlados por Google, en algún lugar de la nube está almacenada toda la información, saben todo de nosotros: nuestro nombre, dirección, edad, dónde trabajamos, correo electrónico, modelo de teléfono, compañía telefónica, el consumo de internet, las palabras que usamos con más frecuencia dentro de los correos electrónicos, las fotografías que hacemos con el teléfono (aunque las borremos y no las subamos nunca a una red social), qué compramos, cuándo lo hacemos, por dónde nos movemos, la fecha en que fuimos a aquel sitio y por qué ruta lo hicimos.

Lo saben todo. La culpa es nuestra. Les damos toda esa información para tener una cuenta gratis de correo electrónico, pagar con el móvil o para poder usar Google Maps. No pagamos con dinero. Pagamos en información. Información sobre cada uno de nosotros. Eso es lo más valioso.

Pero todavía pueden saber más sobre nosotros, como es el caso de Facebook, al que damos toda nuestra información personal: con quién estamos, dónde, qué hacemos, qué comemos, qué opiniones tenemos sobre cualquier cosa, qué libros leemos, qué películas nos gustan, qué días vamos a Laurel, si nos gustan más los pinchos de la calle San Juan o de San Agustín y si preferimos tinto o blanco. Los jóvenes y adolescentes son especialmente vulnerables por ser especialmente usuarios de las redes. Google lo controla todo, pero ¿quién controla a Google?

Esto es gran hermano de Orwell. Con la diferencia de que, como leía hace unos días en una entrevista a un filósofo coreano, en la novela “1984” de Orwell, la sociedad era consciente de ser dominada, mientras que hoy en día ni siquiera somos conscientes de esa dominación”. Si fuera un país, Facebook sería el país más poblado del mundo, con más de 2.000 millones de usuarios, pero ¿quién controla a Facebook? En su momento tuvieron problemas con las fake news, una manera fina de llamar a las noticias falsas. Estos días el mundo entero se ha escandalizado por el uso irregular de datos de millones de usuarios de Facebook para la campaña electoral de Trump. Vamos a ver cómo acaba todo esto y si les cae una buena sanción o queda en agua de borrajas.

Ante un poder político superado por el mundo digital, menos mal que nos quedan los medios de comunicación para denunciar este uso no autorizado de nuestros datos personales. En nuestras casas tenemos cerraduras, puertas blindadas e incluso alarmas. En el mundo digital, en cambio, dejamos la puerta abierta para que cualquiera que pase entre sin llamar y se lleve lo que quiera. En el mundo digital vivimos sin protección.

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En compañía
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Mayte Ciriza | 15-03-2018 | 16:32| 0

Me contaba un amigo médico que una parte no pequeña de las personas mayores que van a la consulta de atención primaria cada mañana con sus achaques, dolor de espalda, mareos, dolor de cabeza, molestias de estómago o debilidad en general, cuando les hace las pruebas correspondientes, no encuentra nada especial. Al fijarse un poco más en las características de estas personas se dio cuenta de que casi todas vivían solas. Personas mayores habitualmente, solas, con poca vida social y que tenían a sus hijos y nietos lejos y los veían muy poco.

Nos fijamos en los síntomas pero no en la causa. Y la soledad es el origen de muchos de los males de quienes la sufren. Las personas que viven y se sienten solas suelen padecer tristeza, angustia, apatía, falta de autoestima y depresión. Y tienen también más problemas de salud física, niveles más altos de colesterol e hipertensión. Además de que todo esto hace que tengan menos esperanza de vida, supone un alto coste económico para las arcas públicas.

No se trata de la soledad elegida, sino del que no tiene con quién hablar, con quién compartir su tiempo, lo que piensa, lo que hace o lo que siente. Ya escribió Machado que un corazón solitario no es un corazón. Esta soledad negativa, no elegida, es una enfermedad crónica más y hay que tratarla antes de que quienes la sufren vayan el centro de salud a ver a su médico de atención primaria, con las consecuencias. De esto se han dado cuenta ya en el Reino Unido, donde la Primera Ministra, Theresa May, ha nombrado una Ministra de la Soledad, para solucionar un problema que May ha calificado como “la triste realidad de la vida moderna”.

Los ingleses han reconocido que la soledad es un problema nacional que afecta a nueve millones de personas en su país. Como cada vez hay más gente mayor, cada vez va a haber más gente solitaria. En la Unión Europea hay 87 millones de personas mayores de 65 años y para 2060 habrá 150 millones, que supone alrededor de un 30% de la población. Y la mayor parte de ellos vivirán solos.

Es paradójico que en los países del sur la gente se siente más sola que en los del norte. Y es que la soledad está unida a la economía. Cuanto más renta se tiene, menos solo se siente uno. Hay un vínculo muy fuerte entre pobreza y soledad. También en nuestro país es un problema social, con un alto coste económico. Hay ONGs y voluntarios que se enfrentan con mucho mérito a este problema, pero esto no es suficiente, hay que llevar a cabo políticas públicas antes de que esto vaya a más.

Relacionarnos y estar con otras personas mejora nuestra calidad de vida. No se trata de tener, como dice la canción, un millón de amigos, pero la vida es más plena y más saludable cuando se vive en compañía.soledad

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Becario a los 45
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Mayte Ciriza | 07-03-2018 | 19:35| 0

Estaban encantados. Habían cogido a su hija para hacer las prácticas de fin de carrera en una empresa durante tres meses seis horas al día y, aunque no le pagaban absolutamente nada, lo celebraban como si les hubiera tocado la lotería, a pesar de que nadie le aseguraba que después de las prácticas fueran a hacerle un contrato.

Seguro que casos de estos conocemos todos, sobre todo los que tenemos hijos que han acabado o están acabando sus estudios, y además de vivirlo en primera persona, te cuentan los casos de sus compañeros y la mayoría no percibe ni un euro durante el contrato en prácticas, no les pagan ni el transporte siquiera.

¿Cómo se van a emancipar los jóvenes si les hacen contratos sin pagarles o con sueldos de miseria? Se habla mucho de la tasa de natalidad, pero ¿cómo van a poner en marcha una familia y tener hijos si no tienen un sueldo digno para salir adelante? Y si son chicas lo tienen más difícil. La hija de unos amigos se quitó el anillo de casada en una entrevista de trabajo porque le dijeron que le convenía hacerlo para que la cogieran para ese puesto.

Estamos en estas cuando la CEOE ha hecho público un documento bajo el título “El aprendizaje: clave de la mejora de la empleabilidad y la competitividad”. Hay un problema en España con el contrato de “formación y aprendizaje”, y es que ha bajado de 174.000 contratos de este tipo en 2015 a 48.000 en 2017. El documento plantea alguna propuesta razonable, como deducciones fiscales para las empresas que faciliten la integración de estudiantes en prácticas, pero hay otras que son para echarse a temblar.

Se propone, por ejemplo, que pueda utilizarse a estos becarios para trabajos a turnos, por la noche, en fines de semana y que puedan realizar horas extra. O que este tipo de contrato pueda suscribirse con mayores de 45 años parados que hayan agotado la prestación por desempleo. ¡Y a cero euros! A este paso va a haber que pagar por trabajar. Esta propuesta es una nueva esclavitud.

Es estupendo que los parados de larga duración de más de 45 años puedan acogerse a un contrato de formación, pero pagándoles, y con la perspectiva de lograr un contrato al acabar las prácticas. En cambio, lo que se pretende es que la gente trabaje gratis, y esto es inmoral. Se está jugando con la esperanza de futuro de los jóvenes y con la desesperación y la angustia del que no encuentra trabajo con cincuenta años.

Hay quien se lo ha tomado con humor, y ante esta iniciativa ha hecho un spot con el lema: “siéntete joven, consigue un contrato de mierda… hazte becario”. Becario a los 45.oroz-644x362

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