La Rioja
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Autor: Kavafis
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María Antonia San Felipe | 15-09-2018 | 7:40| 0

monton-casadoDimitir sigue siendo un verbo difícil de conjugar en España, pero ya hay quien ha comenzado a practicarlo aunque sea forzado por las circunstancia, porque también existe el verbo cesar y la experiencia demuestra que es mejor irse al menos un minuto antes de que te echen, como le pasó a Cifuentes.

         No puede negarse que la dimisión resulta una práctica muy higiénica y necesaria si queremos mejorar la calidad de nuestra democracia damnificada por años de impunidad y abusos. La ciudadanía llevaba demasiados años tragando ruedas de molinos, mentiras evidentes y saqueos variados por eso se ha vuelto exigente. Ya era hora. Ocurre que tenemos la sensibilidad a flor de piel y ocurre que el número de quienes cuestionan la inmoralidad política ha crecido. A los siempre pensamos que cualquier comportamiento éticamente reprobable, por pequeño que pareciera, era causa de dimisión se han unido quienes, tras perdonar durante años las tropelías, han decidido volverse intransigentes. Así es la vida. Se ha abierto la puerta a un nuevo tiempo y ahora quienes jamás fueron a clase tienen que aprender de  los golpes que da la vida, que siempre es la mejor maestra.

          Que Carmen Montón, la ministra de Sanidad, tenía que dimitir se veía desde el principio y la inicial resistencia no ha hecho sino complicar las cosas al gobierno de Sánchez y a ella misma. No obstante, su dimisión marca el camino a otros. Una de las razones que justificaron la presentación de la moción de censura, tras la sentencia del caso Gürtel, fue la de elevar el listón moral y ético del ejercicio de la política. No has de pedir a otro lo que tú no eres capaz de dar. Si alzas el nivel de exigencia no te puedes quedar por debajo porque el discurso no resulta creíble y pierdes la confianza de unos ciudadanos que ya están hartos con lo que llevan aguantando tras diez años de crisis económica, política y ética.

          Carmen Montón ha hecho lo correcto. Ha dimitido sin estar investigada por el Tribunal Supremo pero Casado fue elegido secretario general del PP llevando en la mochila la investigación judicial. Ambos han dado argumentos muy semejantes. El quiz de la cuestión es que los regalos no es obligatorio aceptarlos y menos si llevan implícitos un trato de favor que discrimina negativamente al resto de alumnos a los que no se les dio la oportunidad de obtener un título oficial haciendo nada o muy poco. Resulta pintoresca esta afición por embellecer el currículum, por aparentar el prestigio profesional del que se carece o por simular ser especialista en alguna disciplina del saber.
          Por los resultados obtenidos parece que la tómbola de másteres VIP de la Universidad Rey Juan Carlos está siendo más letal que las bombas de destrucción masiva, porque está hundiendo el prestigio de esa universidad y de toda la Universidad española. La Rey Juan Carlos ya tuvo a un rector experto en plagios, Fernando Suárez, y nadie dijo nada. Si hay corporativismo en la clase política también existe en la Universidad. Hay que reclamar que se cierren las tómbolas y que cesen los apaños. Algunas familias han pedido créditos para financiar másteres de sus hijos, otros han compatibilizado trabajos con la asistencia a clases y ahora resulta que es mejor decir que tienes un gato que un máster de la universidad Rey Juan Carlos. Una locura y una vergüenza.

          Mientras, en el PP siguen instalados en su propia ceguera, no entienden que las cosas están cambiando. Pablo Casado se ha encastillado en pobres argumentos y como no tiene costumbre de ir por clase sigue sin aprender la lección. La ley de la gravedad existe y si caes de muy arriba la bofetada siempre es mayor. Preparen vendas.

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Tres años después
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María Antonia San Felipe | 08-09-2018 | 8:00| 0

alan-kurdi

La vida es más impactante que el cine e indudablemente más cruel y dolorosa. Nos hemos acostumbrado a procesar imágenes hasta confundir la realidad con la ficción y al revés. Hace tres años, el 2 de septiembre de 2015, una imagen dio la vuelta al mundo: un niño sirio vestido con una camiseta roja y un pantalón corto de color azul yacía ahogado, como dormido, en una playa de Bodrum (Turquía). Era Aylan Kurdi, hoy sabemos que se llamaba Alan y que no tenía tres años sino dos. La crudeza de la imagen conmovió corazones y golpeó conciencias, abrió informativos, inundó las redes sociales y luego se olvidó. Hoy ya no recordamos sin Alan existió. Su tía, Tima Kurdi nunca lo olvidará. Desde Vancouver (Canadá), acaba de escribir un libro en el que cuenta el impacto que le produjo reconocer a su sobrino yacente con la ropa que ella le había regalado. Confiesa que cargará toda su vida con su muerte, la de su cuñada y la de dos sobrinos más, pues fue ella quien les envió los 5.000 dólares que necesitaban para el viaje en patera. La familia de su hermano no quería abandonar Siria pero la guerra los empujó, después de muchas desgracias, a intentar llegar a Grecia. Denuncia las malintencionadas informaciones y lamenta que tres años después nada haya cambiado.

Yo creo que muchas cosas han cambiado en este tiempo, al menos en Europa. La experiencia demuestra que un problema que no se afronta desde el principio es un problema que se enquista, deteriora y acaba produciendo desastres imprevisibles. La incapacidad de la Unión Europea para abordar conjuntamente el problema humanitario que supone la llegada de víctimas de las guerras, la confusión entre inmigrantes económicos, refugiados, exiliados, mafias y víctimas está complicando un problema ya difícil en sí mismo. Al no adoptar medidas compartidas ante una crisis humanitaria y de emergencia se está incubando de nuevo en Europa el huevo de la serpiente. Este verano en España se está alentando el germen de la xenofobia con intereses electorales. La frase del verano es “nos invaden”. En Italia el ultra Salvini está avisando el incendio del racismo. En Suecia, la ultraderecha xenófoba puede convertirse en fuerza de gobierno. En Hungría, Viktor Orbán, se sostiene gracias al discurso anti-inmigración y recortando libertades.

En Alemania, en los últimos días de agosto las manifestaciones neonazis han incendiado las calles de Chemnitz (Sajonia) alentados por la formación de origen euroescéptico, Alternativa para Alemania (AfD) y por Patriotas Europeos contra la islamización de Occidente (PEGIDA). Los añorantes del nazismo se han paseado brazo en alto y persiguiendo inmigrantes, tras un lamentable suceso en el que había muerto un alemán de origen cubano a manos, presuntamente, de dos refugiados ya detenidos. En EEUU, un personaje como Trump sustenta un discurso semejante aplaudido por supremacistas blancos que se manifiestan anualmente tras los sucesos de Charlottesville. No es casualidad no son hechos aislados, son movimientos organizados.

Los discursos son iguales, el nacionalismo extremo, el antieuropeismo y el relato anti-inmigración alimenta a la serpiente, aquella que en los años treinta del pasado siglo condujo al ascenso del nazismo. El discurso es sencillo y comprensible: nos invaden, nos quitan el trabajo, las subvenciones, tienen más hijos que nosotros, pronto serán más… Así comenzó la catástrofe. No hay que exagerar pero si hay que prevenir. La Unión Europea no afrontando la inmigración y las causas que la producen como un problema común, mirando para otro lado, está poniendo en riesgo su propio futuro. Todos estos movimientos son antieuropeos y si por falta de resolución, si por exceso de burocracia y ausencia de voluntad política no se afronta antes de que un nuevo deterioro de la economía se produzca, las consecuencias pueden ser imprevisibles. Tres años después de la muerte de Alan, tres años más de guerra y tres años más de muertes en el mar, las cosas están peor porque no hemos hecho nada.

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Un dolor eterno
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María Antonia San Felipe | 01-09-2018 | 1:20| 0

papa-francisco-3En ocasiones el dolor se atenúa pero no desaparece. Las heridas físicas se curan más fácilmente que las que afectan a la mente y al corazón. Negarlo es desconocer la condición humana o querer eludir la responsabilidad cuando se ha causado un daño que el tiempo sentencia como irreparable. Muchos depredadores sexuales desde su elevado o diminuto pedestal de poder lo han olvidado. Así ha debido considerarlo el papa Francisco que, el 20 de agosto, ha dejado escrito que las heridas “nunca prescriben”, “al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas”. Un reconocimiento explícito y doloroso de la degradación de su propia Iglesia.

Una vez más, y suman muchas, vuelve a conocerse un impresionante escándalo de violaciones y abusos de sacerdotes a menores. La pederastia parece un mal endémico en la Iglesia. El penúltimo caso conocido afectaba a la iglesia católica chilena, 34 obispos dimitieron forzados por el papa Francisco que el 31 de mayo, escribió que “la cultura del abuso y del encubrimiento es incompatible con la lógica del Evangelio”. En 2010, fue Irlanda, donde la justicia desveló abusos cometidos por 400 sacerdotes contra 12.000 menores durante 30 años. Ahora, ante el informe del fiscal general de Pensilvania (EEUU), Josh Shapiro, identificando a más de 1.000 menores que fueron abusados o violados por parte de 300 “sacerdotes depredadores”, un nuevo terremoto sacude a la Iglesia. Son 1.356 páginas de espanto, “la investigación revela –por ejemplo- redes de sadomasoquismo y violaciones en hospitales o con somníferos encubiertas durante décadas por la Iglesia”.

El problema es que se sabía, muchos lo intuían y otros tenían la total certeza pero todos callaban. Mientras, las víctimas sufrían traumas a veces sin horizonte de superación. Una mujer que ha padecido lo indecible ponía el dedo en la llaga del delito de la Iglesia y, según su propia doctrina, de su pecado: Lo que hizo el sacerdote abusador en mi cuerpo, no es nada comparado con el daño que la Iglesia ha perpetrado al no hacer nada. Lo hacen ahora porque los han pillado. A menos que los pillen y se les denuncie, no habrá cambios. Comprendo su escepticismo son años de silencio ante un problema real que desacredita a la Iglesia no solo por la naturaleza de los hechos sino por encubrirlos y ocultarlos. Mientras los tribunales hacen su trabajo podían adoptar medidas de sanción interna contra los pederastas y sus encubridores, proteger a las víctimas y dejar una temporada de juzgar severamente las conductas ajenas.

La sexualidad es un asunto que la Iglesia católica nunca ha sabido afrontar sin prejuicios. Ha sido muy dura con las mujeres ensalzando su maternidad pero jamás su libertad tras relegarlas a siglos de sumisión. Tan severa con el aborto y con quienes que se ven obligadas a recurrir a él y tan laxa con los abusadores y violadores que alberga en su seno. Tan intransigente con la homosexualidad, que todavía aspira a curar como si se tratara de una epidemia vergonzante, y tan compasiva con sus propios pederastas. No puede ser que los delitos, pecados y abusos de los suyos sean benévolamente tratados y encubiertos durante décadas mientras se condena a las mujeres que abortan o se niega la diversidad sexual. La Iglesia católica ha sido madre para unos y madrastra para otros.

Que el papa Francisco, inste a reconocer “con vergüenza y arrepentimiento”, que no actuaron “a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando”, es un gesto importante pero además de pedir perdón la Iglesia deberá afrontar la realidad para que la historia no se repita. El único camino pasa por impulsar reformas de calado, precisamente las que no quieren quienes lo atacan desde dentro. Han de plantearse la supresión del celibato, la normalización de la homosexualidad y la libertad de las mujeres. Francisco ha marcado el camino pero la Iglesia en su conjunto debe ponerse en el lugar de aquellos que acudieron a ella buscando a Dios y encontraron la personificación del Diablo.

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Conflicto vital
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María Antonia San Felipe | 25-08-2018 | 8:00| 0

cornella

 

 

 

 

 

A veces la vida nos lleva a lugares por los que nunca quisimos transitar y nos pone en situaciones límites. A algunos estos caprichos del destino los destruye para siempre, a otros los trastorna y a quienes se ponen en el lugar de los afectados les conmueve intentar comprender el desenlace y a sus protagonistas.

La noticia inicial impacta y más tras conocerse detalles de la investigación. Según ha desvelado la exmujer de Taib, el joven vivía un enorme conflicto interior al no admitir la realidad de su condición sexual que entraba en pugna con sus creencias religiosas musulmanas. Estamos de nuevo ante el recurrente tema de la no aceptación por las religiones de la homosexualidad, negando una realidad que existe desde que el mundo es mundo y cuya cualidad no se elige, la da la naturaleza. Lo que sí hace la religión en condenarla, demonizarla, clasificarla como pecado, catalogarla como enfermedad y reprimirla lo que lleva a muchas personas a sentirse culpables de lo que son, a esconder su condición y en el caso de Taib a buscar la redención a través de la muerte. Por eso Taib escribió una plegaria pidiendo ayuda a su Dios. Probablemente este joven argelino buscaba morir más que matar, pero para conseguir inmolarse como un héroe ante los suyos debía aparentar que era un enviado de ese Dios que, según los radicales, pide como sacrifico morir matando. Este joven quiso disfrazarse de héroe islamista y eligió un objetivo reconocible fácilmente como enemigo, era la forma de transmutar en misión sagrada la confusión vital en la que vivía. Una agente policial acabó con su conflicto interior, lo liberó de su dolor pero, antes que las balas, psicológicamente ya lo había matado la angustia de su propio dilema moral y vital.

En el caso de la agente de los Mossos, la irrupción de Taib en su comisaría la enfrentó a otro conflicto moral, no de la misma naturaleza, pero seguramente con consecuencias psicológicas y vitales para ella. No voy a entrar en la proporcionalidad de la respuesta, solo trato de ponerme en su lugar. Inesperadamente debió hacer frente a una situación límite, en segundos el estrés y la adrenalina se multiplicaron, la mente se le llenó de preguntas que hubo de responder de forma instantánea. ¿Qué debo hacer?, ¿corre riesgo mi vida?, ¿debo dar el alto? Si no retrocede ¿debo usar mi arma reglamentaria? ¿Apunto? ¿Disparo? Tras los disparos, cuando el agresor cae, imagino a la agente desconcertada, desplomada interiormente, sumida en una confusión doliente y dolida, confundida. No creo que acabar con la vida de alguien, aunque sea en defensa propia, sea tan sencillo ni tan inocuo como en las películas que banalizan la violencia.

Creo que aquel día en la comisaría de Cornellá dos seres humanos quedaron atrapados en conflictos vitales divergentes. La víctima de la intolerancia buscó la muerte y al conseguirla nació otra víctima que vivirá en su propia angustia. El ser humano es más frágil que su destino.

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El flautista de Hamelín
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María Antonia San Felipe | 18-08-2018 | 12:57| 0

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En este tiempo, en todos los tiempos, en este lugar próximo y en el más lejano siempre hubo y habrá un flautista de Hamelín dispuesto a seducir con música celestial. La historia se repite cíclicamente y el asombro siempre llega al final del cuento. No puedo sino sonreír ante la evidencia. No, no me ha dado una calentura y he regresado a la infancia huyendo de la realidad, simplemente buceo en un mar de noticias.

Leo en El País, que “el hombre más rico del Reino Unido, y defensor del brexit duro, se convierte en exiliado fiscal”. Aunque, La Voz de Galicia me reconocerán que es más contundente: “El inglés más rico huye a Mónaco. James Ratcliffe, un sir entusiasta del brexit, se refugia en el paraíso fiscal para que su imperio siga en la Unión Europea”.

Este señor, hasta ahora desconocido por el gran público, es un empresario petroquímico de esos que dicen que se han hecho a sí mismos. Posee una fortuna estimada en más de 23.500 millones de euros y administra un holding de 21 empresas agrupadas en torno a Ineos. Este verano fue condecorado Sir con la Orden del Imperio Británico y hoy toma su dinero y corre al paraíso fiscal de Mónaco, es sabido que el capital nunca tuvo patria, solo aspira a multiplicarse hasta el infinito.

Hace dos años, 23 de junio de 2016, los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea. Este hecho fue considerado un éxito por los ultranacionalistas y euroescépticos y el resultado fue aplaudido por líderes de la ultraderecha europea. El número de partidarios de la salida de la Unión fue creciendo con promesas de que Inglaterra sería más rica y los ingleses más felices fuera. Los flautistas tocaban músicas deliciosas: Reino Unido ganará 28.000 millones lejos de la UE. El estribillo repetía las bondades de un futuro perfecto alejado de un presente imperfecto porque es el único que se conoce. Por su parte, Nikel Farage, el líder xenófobo del UKIP, interpretaba la canción que le pedían en los conciertos: “Bruselas nos roba”. ¿A qué les suena la tonadilla? Después, él fue el primero en abandonar el barco.

Según se aproxima la hora de la verdad los flautistas desaparecen. El siguiente ha sido Nigel Lawson, un lord de rancio abolengo, ministro de Hacienda de Margaret Thatcher y presidente de la plataforma Vote Leave. El lord se ha largado a Francia, a su inmensa finca de la Gascuña, la patria del supermosquetero D’Artagnan y acaba de solicitar su permiso de residencia en esa tierra novelesca donde piensa mantener sus privilegios como ciudadano europeo.

Concluyendo en esta película el reparto está completo. Tenemos a D’Artagnan (Nigel Lawson) respaldado por Athos (Nigel Farage) y Aramis (James Ratcliffe) porque de Porthos ya estaba Gérard Depardieu que se nacionalizó ruso para pagar menos impuestos. A Porthos hay que agradecerle que, al menos, ni mintió ni intentó engañar a nadie.

Dicen también las noticias que desde el referéndum, más de 100 distritos electorales han cambiado de parecer y que si la votación se repitiera esos escaños que votaron por el abandono de la Unión Europea hoy lo harían por la permanencia, según The Observer. Veremos que ocurre pero hay que reconocer que el asunto es muy viejo. Dice el poeta León Felipe, “que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos”. Y es que el truco es conocido, inoculado el miedo al futuro todos los cuentos parecen verdad. El problema es que quienes creyeron a los flautistas del nacionalismo antieuropeo que favoreció el brexit no pueden ahora largarse con su dinero como hacen ellos sino padecer las consecuencias de las mentiras. Por eso a mí nunca me gustó ese cuento, prefiero el del Principito que ya te advierte que lo esencial es invisible a los ojos.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.