La Rioja
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Autor: Jorge Alacid
El mejor alcalde
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Jorge Alacid | 09-07-2018 | 10:14| 0

Monumento a los alcaldes en Santa Coloma. Foto de Sonia Tercero

«La democracia natural, en la España profunda, consiste en linchar al alcalde» (Francisco Umbral)

 

La semana pasada murió, en medio de un generalizado reconocimiento a su talla humana y política, César Cuevas, alcalde de Gimileo hasta la hora de decir adiós. Lo curioso del aluvión de elogios recibidos tras su fallecimiento, habituales por otro lado en nuestra cultura cuando alguien abandona para siempre este valle de lágrimas, fue su procedencia. Un concejal de un pueblito cercano, afiliado del PP nada menos, fue el primero en descolgar el teléfono y llenar de alabanzas al finado, dirigente de una formación rival, el PR+. Con una coda adicional: «Puedes preguntar a quien quieras de mi partido y solo te dirá lo mismo que yo. Que César era un fenómeno. Qué más da que fuera del Partido Riojano».

No, no es usual en el ecosistema político riojano tanta generosidad. Debe justificarse por la categoría humana de Cuevas, cuya desaparición coincidió con noticias recientes de signo radicalmente contrario. En los últimos meses, tres alcaldes del PP riojano se han visto envueltos en barullos que han encallado en la esfera judicial pero que, sobre todo, alertan de cómo se ejerce el poder a escala local. En ese nivel municipal donde llama la atención la sucesión de casos que han puesto de actualidad los municipios de Viguera, Clavijo y Ochánduri, por orden de aparición en las páginas de este periódico. Puesto que, además de ofrecer preocupantes síntomas de una actividad pública lindante con el Código Penal, inquieta la fría respuesta que en los tres ejemplos citados caracteriza al partido donde milita ese trío de munícipes, el PP, respecto al proceder de sus dirigentes. La reacción habitual de todo partido: defenderse atacando. Atacando sobre todo el sentido común y la inteligencia de quienes soportan sus argumentos.

Debe anotarse que la gestión local en La Rioja ofrece un cariz opuesto a las desdichas judiciales de esos tres alcaldes. Y que el menú típico en estos parajes del medio rural se distingue por lo contrario: un cierto desprendimiento, una vocación genuina de servicio público. Hay numerosos ayuntamientos que se quedarían sin alcalde, y sus pueblos sin una mano amiga que se preocupara por ellos, de no mediar el prototipo tan conocido: alguien dispuesto a convertirse en el alma de su localidad las 24 horas del día. El rey de su pueblo, el mejor alcalde. Que además ejerce de alguacil, terapeuta, psicólogo, mozo de obra, carretillero y jardinero de ocasión. También le toca imponer alguna vez el orden público ante los vecinos más levantiscos. Manda la tradición en La Rioja que quienes muestran algún interés superior a la abulia generalizada entre el vecindario de su municipio reciban de saque algún reproche. Se achaca entonces ese afán protagonista a un temperamento lindante con la vanidad: es la crítica que también distingue a quienes en otras esferas, de la cultural a la deportiva, exhiben un talante más comprometido que el usual. Son esos riojanos que quieren hacer algo. Y que se convierten en receptores de todos los dardos, dirigidos por un prototipo igualmente conocido: esos convecinos que se quedan sentados en la acera criticando esto o lo otro. Los que no hacen nada.

Porque resulta imposible alcanzar un cierto equilibrio en La Rioja interior entre un alcalde que, acostumbrado a personalizar hasta la exageración la gestión de su Ayuntamiento ejerciendo el poder como un monarca absolutista cuyo pueblo le parece su propio cortijo, o ese otro modelo: el alcalde que piensa antes en el bienestar de su pueblo que en su gloria personal. Así que llega la hora de elaborar listas para las elecciones del 2019 y los partidos riojanos se arriesgan a tropezar con el dilema histórico, expresado en las palabras de un dirigente del PP que podrían hacer suyas sus contrincantes: «Los que queremos que se presenten prefieren no presentarse y los que preferiríamos que no se presentaran son los que sí quieren presentarse». Un trabalenguas que esconde una maldición creciente: la ausencia en los partidos de una adecuada formación en sus cuadros medios que permitiera un nivel superior en su destreza para según qué cometidos. Un auténtico milagro en el atomizado mapa municipal riojano: encontrar a alguien capaz de asumir la alcaldía de Villarroya, Hornillos de Cameros o Cellorigo tiene mucho de prodigio…

… Aunque no hasta el punto de condenar a los partidos donde militan a esa desoladora estrategia que adoptan si topan con algunos de sus alcaldes enredados en líos judiciales: mirar para otro lado, sólo porque es uno de los suyos. La Rioja lleva demasiado tiempo mirando hacia otro lado en demasiadas cuestiones estratégicas. Y necesita desde luego un Gobierno fuerte, pero también a nivel municipal. Necesita alcaldes menos interesados por las orquestas que van a contratar en fiestas o por presumir de la piscina más grande. Alcaldes con ganas de hacer, no sólo de estar. Alcaldes que renuncien a la tentación del caciquismo y dejen su cargo entre el reconocimiento unánime. No parece tan difícil. Hay algún ejemplo reciente.

 

LA LETRA PEQUEÑA

CS llama a Ureña al Parlamento

La Mesa del Parlamento aplazó a mañana su reunión del viernes por indisposición de Ana Lourdes González, su presidenta. Está previsto que en la cita se estudien algunos acuerdos que están llamados a generar alguna polvareda: por ejemplo, la toma en consideración del escrito dirigido por Ciudadanos para que comparezcan en la Cámara una serie de expertos cuyo dictamen debería servir para renovar la estrategia de la ADER. Sólo la formación naranja ha planteado ese carrusel de citaciones, que incluye a especialistas de la Pompeu Fabra, el CEMFI y de la London School Economics. Y por supuesto, a Javier Ureña.

Primarias del PP, queja en Haro

La jornada de votaciones que vivió el jueves el PP en La Rioja sólo registró un incidente, que la dirección del partido minimizó: lo protagonizó un afiliado de Nuevas Generaciones de Haro, quien se sorprendió de verse excluido del censo cuando acudió a votar. Desde la sede le invitaron a que presentara el documento bancario que avalara que estaba al corriente del pago de la cuota, pero este afiliado prefirió presentar un recurso. Se trata de una nueva controversia con epicentro en la capital riojalteña: allí, un sector de las juventudes del PP mantiene un cerrado pulso con su dirección, hasta el punto de haber enviado un escrito crítico a su partido.

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Preferirían no hacerlo
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Jorge Alacid | 05-07-2018 | 9:07| 0

Afiliados del PP, durante un acto electoral en su sede con el candidato García-Hernández. Foto de Juan Marín

«Lo esencial es quien llegue al poder pruebe que merecía ejercerlo» (Marguerite Yourcenar)

 

Cuando el PP celebró el año pasado su convulso congreso para dilucidar el relevo de Pedro Sanz, los organizadores auparon a los medios de comunicación hasta una estancia situada en el último piso de Riojafórum. Resultó ser una ubicación muy pertinente. Idónea para observar, desde un punto de vista cenital, cómo deambulaban por ese espacio los delegados que tenían que elegir entre José Ignacio Ceniceros y Cuca Gamarra. Cómo se organizaban por corrillos, cómo evitaban la compañía no deseada y, sobre todo, cómo llegaban algunos de ellos hasta la sede del cónclave. Se trataba en numerosos casos de afiliados ya veteranos, que exigían incluso auxilio para acceder al recinto, hasta el punto de que hubo quienes les pusieron un autobús para despejar todo fastidioso engorro. Un favor que ya habría tiempo de devolver.

Este tipo de afiliado llegaba despacito hasta la puerta de Riojafórum, donde le aguardaba alguna persona de su confianza. Que le guiaba luego por la escalera hacia el piso inferior, donde se hallaban las urnas. Era curioso asistir a ese itinerario, porque en realidad cesaba en cuanto depositaba su papeleta. Esa misma mano amiga le conducía luego de vuelta al exterior, donde alguien se aseguraba de que tomara el vehículo correspondiente. Vuelta a casa. Lo cual significa que ni asistió a los discursos de apertura del congreso que protagonizaron ambos candidatos ni se quedó a conocer los resultados. Tal vez no le importaba ese protocolo. Ya había cumplido su cometido, con cierta incomodidad. Porque visto de cerca, este tipo de afiliado prototipo parecía de verdad enojado. Nada en su lenguaje no verbal indicaba que estaba asistiendo a la fiesta de la democracia que le habían vendido. En cada confidencia se percibía lo contrario: que la militancia del PP riojano, como el célebre escribiente Mr. Bartleby, hubiera preferido no hacerlo. Hubiera preferido no tener que escoger a su líder. Que le hubieran dado ese trabajo hecho sus dirigentes.

Apenas un año después, esa misma afiliación ha sido convocada a un proceso similar. Recibido con una frialdad muy acusada en casi toda España, donde menudea el absentismo de las bases ante un proceso que, como acepta un mandatario del PP riojano, «va en contra de la cultura de nuestro partido». Una cultura dominada por viejos tics. El presidencialismo, teñido a menudo de providencialismo. O la pura sumisión al líder, con ese tipo de anuencia norcoreana donde cualquiera que se atreva a la menor objeción puede ser motejado como disidente. La jerarquía siempre vertical, ‘manu militari’. Y la condescendencia, trufada de sarcasmos, hacia los partidos rivales que practicaron antes ese mismo modelo de primarias. «Aunque la verdad», opina este mismo dirigente, «es que si no damos señales a nuestra gente de que estamos a favor de que voten, acabamos liquidados». «Nadie entendería que eligiéramos presidente como lo hacíamos hasta ahora», admite.

Porque es tan cierto que el PP necesita someter su esquema interno de gobierno a una cirugía profunda como que su paso por el quirófano amenaza con desmantelar el principio máximo de unidad interna. Se puede detectar a escala riojana: el oleaje que asciende desde Génova depara su propia resaca en Duquesa de la Victoria. En el Palacete y alrededores se percibe en que sus inquilinos quedaron noqueados con la noticia de que Núñez Feijoo, su indisimulado favorito, se apartaba de la carrera sucesoria. Anida desde entonces en sus seguidores riojanos un sentimiento de orfandad, en busca de algún aspirante que sirva como mal menor. El sentimiento contrario al instalado por el Ayuntamiento de Logroño: allí no saben dónde elegir. Porque su titular presume de buenas relaciones tanto con las dos candidatas en liza como con el renovador Casado, así que esa margarita tardará en deshojarse. Unos y otros dilatarán un pronunciamiento público: no vaya a ser que la apuesta sea finalmente una apuesta perdedora. Que alguna lección se aprendió en Riojafórum: toca ponerse de perfil. Al menos, unos días.

Triunfa en consecuencia la postura que esgrimen los más veteranos del partido. Esperar hasta el jueves, cuando ya sólo haya que elegir entre papá o mamá. De acuerdo con su dictamen, sería no obstante conveniente que las papeletas ayudasen a renovar el partido, virando por lo tanto el poder hacia Casado o Soraya. «Es lo que teníamos que haber hecho en La Rioja», añade. De modo que algunas lecciones sí deparó Riojafórum. Por ejemplo, que no se puede pasar en un parpadeo de gestionar el partido con las bases al margen a exigir su participación entusiasta. O que, como concluía un dirigente de La Rioja interior mientras atendía a Casado el miércoles en Logroño, «si quieren que votemos, que sea de verdad. Nada de voto delegado. Una persona, un voto».

De donde se deduce que el afiliado prefiere votar. Prefiere una democracia genuina. No un sucedáneo.

 

 

LA LETRA PEQUEÑA

Candidatos del PP por San Juan

La calle San Juan de Logroño, en concreto el clásico Bar García, fue el destino elegido por Pablo Casado y por José Ramón García-Hernández para confraternizar con las bases del PP riojano que esperan cautivar en las primarias en curso. Casado publicó en su perfil de una red social una foto brindando con la cúpula de los populares riojanos, luego de su acto electoral. Donde cometió el lapsus de identificar como líder de Nuevas Generaciones a Carmen Duque, presente en la sala. Lo cual no fue el caso de su esposo, Carlos Cuevas.

Más cambios en la Delegación

Nada más tomar posesión como nuevo delegado del Gobierno, José Ignacio Pérez Sáenz adoptó la decisión de prescindir del servicio de escolta. Un aparato de seguridad que sí auxiliaba a su antecesor, Alberto Bretón, quien apareció por Delegación ese miércoles, justo el día en que se incorporaba a su nuevo destino en los servicios jurídicos del Gobierno de La Rioja. Bretón y Pérez Sáenz confraternizaron en armonía, pese a sus distintas siglas, en un distendido corrillo al que se sumó el predecesor de Bretón, el socialista José Antonio Ulecia. Pérez, pendiente de cerrar el equipo que le acompañará, mantiene en sus puestos al secretario general técnico y a la secretaria de gabinete.

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Nadie entiende nada
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Jorge Alacid | 03-07-2018 | 9:24| 0

Diego Ubis, ayer en el atril del Parlamento. En primer plano, García Calzada y Ureña. Foto de Juan Marín

 

Como (aún) no le compete la potestad de convocar las autonómicas del próximo año, al menos Diego Ubis pudo darse ayer el gustazo de cortar la cinta inaugural de la precampaña. Que en realidad quedó formalizada allá cuando el Gobierno retorció su brazo durante la negociación presupuestaria y Ciudadanos acabó haciendo aquello que decía que no haría: firmar un papelito dando por buenas las cuentas del Palacete, mientras sus interlocutores al otro lado de la mesa contenían la risa. Puede que desde entonces haya estado rumiando venganza, en su papel de novio despechado que tantas veces ha interpretado desde el atril del Parlamento, donde ayer volvió a teatralizar su enfado. Un enfado que tardará en materializarse, de modo que habrá tiempo de rectificar, volver sobre sus pasos o desdecirse, materias donde el portavoz naranja acredita reconocida maestría. Pero de momento puede alardear de que, en efecto, ha sido el encargado de dar por inaugurada la campaña electoral del 2019.

Nada que no se supiera. Imposible por lo tanto que Ubis ignorara lo que sabía medio hemiciclo: que malgastó su última bala con el actual Presupuesto en curso. Y que ya no tiene más bazas que dejar caer al Gobierno, opción que parece ausente de sus planes, o ponerse desde ahora a pegar carteles por La Rioja, a ver si en el votante cala su mensaje. Ese discurso tan curioso: cuanto de bueno pueda leerse en el haber del Gobierno, será mérito de Ciudadanos, de modo que la parte endosada en el debe sólo hay que atribuirla a la impericia del PP. Será un argumento pueril pero puede que funcione: en un ecosistema político tan líquido como el actual, todo es posible.

Porque nadie entiende nada. Acudir hoy a un pleno parlamentario tiene mucho de rellenar un crucigrama. Supone por ejemplo observar cómo votan juntos Ciudadanos (paladín del liberalismo) y Podemos (bandera del bolivarismo), según el certero dardo dirigido por el portavoz del PP desde la tribuna. A quien por el contrario la compañía del PSOE en la misma votación que ayudó a validar su proyecto de reforma de la ADER le pareció fetén, tal vez porque Garrido está tan acostumbrado al fuego amigo que le dirigen desde dentro del partido sus (en teoría) conmilitantes que hasta le resulta aceptable ir de la mano con los socialistas. Que también gozan de sus propias contradicciones, aunque las salvan con mayor desenvoltura: de momento, ya decoran con sus siglas uno de los edificios del Espolón donde reside el poder regional. A este paso, sus señorías llevarán en la sillita de la reina hasta el Palacete a Concha Andreu, quien no tiene que desgastarse en bajar al barro: prefiere ver sentada junto a Paco Ocón, otro que viaja tan pichi, cómo se desguazan entre sí los otrora cordiales socios de Gobierno y cómo hacen lo propio los diputados a su izquierda.

Cualquier día, en el Parlamento les cobrarán la entrada a los diputados del PSOE. Hasta que llegue ese día, que no debe descartarse, queda todo un verano para que sus rivales se despeñen hacia ese océano de contradicciones donde viven. Lo cual es también el caso del PP, cuyo presidente escucha a su aliado retirarle su apoyo como quien oye llover. Mirando el reloj, donde tiene marcada una fecha: la del próximo jueves. El día en que su partido elegirá nuevo líder y en consecuencia habrá que mover de nuevo toda la nave del PP regional para alinearla con quien gane. De momento, gracias a su mutismo, tiene seguro lo que decía Pío Cabanillas: eso de que «hemos ganado, pero aún no sabemos quiénes». Una hermosa manera de gestionar esa clase de victorias con pinta de derrota. Como la que sufrió ayer el PP. Tal vez sin saberlo.

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La depresión del Ebro
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Jorge Alacid | 28-06-2018 | 9:56| 0

Vista del castillo de Davalillo en invierno. Foto de  Justo Rodríguez

«Los paisajes me han creado la mitad mejor de mi alma» (José Ortega y Gasset)

 

Cuentan maravillados viajeros recién llegados de la Toscana la impresión que causa ese paisaje de ensueño, pródigo en ricas imágenes que fusionan el ciprés y el olivo con la viña, sin que nada interrumpa tanta exquisitez Y añaden que aquel escenario como de película no se ve tampoco desfigurado por la instalación de líneas férreas que perfeccionen las comunicaciones, puesto que sospechan que el toscano vería semejante idea como un atentado contra su ADN, construido por el ciprés y el olivo. También por la viñas.

Viñas las hay en cada esquina del globo, aunque en pocos territorios galvanizan al conjunto de sus habitantes como en algunos parajes de La Rioja, espléndidos estos días en que la lluvia asegura una policromía de verdes que hará feliz a todo acuarelista. De ahí las resistencias observadas en esas mismas regiones cuando una infraestructura que se promete en nombre del progreso amenaza con alterar el ecosistema magnífico, que no es tanto una forma de vida (que también) como una economía a escala que permite a quienes la practican llegar a fin de mes haciendo lo mismo que hicieron sus abuelos y los abuelos de sus abuelos.

Ese mismo paisaje se ve en peligro porque los planes de Fomento apuntan hacia las zonas más valiosas (paisajística y sentimentalmente) de la depresión del Ebro. Nunca mejor dicho. Porque sus habitantes se arriesgan a caer deprimidos si tales proyectos prosperan y donde antes se observaba el viñedo majestuoso mañana se alzará un tendido férreo que exigirá limpiar el terreno adyacente de la flora autóctona y crear a su alrededor una sucesión de pequeños páramos. Y también exigiría limpiar el debate público con una contundencia similar. Ocurre que en esta discusión, muy rica en paradojas, proliferan las posturas tibias de quienes no saben/no contestan. O de quienes se parapetan en una maraña de ambigüedad que dejan a su interlocutor como estaba.

La vida es en sí contradictoria. La Rioja lleva décadas pidiendo la mejora de sus comunicaciones a través del citado valle del Ebro, conducto idóneo para unir la cornisa cantábrica con el arco mediterráneo. Dos regiones de alto interés estratégico que aseguran una conexión superior para el tránsito de mercancías y los flujos comerciales, decisivos para vertebrar una economía pujante y prometedora. Que falta hace en esta orilla riojana del gran río ibérico.

Al menos, José Ignacio Ceniceros escapó el miércoles de la inconcreción dominante cuando, entrevistado en ‘La Lupa’ de TVR, alertó sobre la importancia de mejorar el enlace ferroviario entre Logroño y Miranda, que parece necesitar de otro trazado. También admitió que esa infraestructura concita la oposición de alcaldes y concejales de su partido repartidos por la comarca, quienes temen ver pulverizado su modelo de vida. Contradicciones observadas también en el PSOE, donde se detecta una reacción análoga. Mientras el discurso oficial anima a que la alta velocidad viaje en tren por toda La Rioja (incluida la Alta), entre sus cargos y militantes afectados más directamente por razón de residencia prende una impresión distinta. Menos incomodidad se atisba en Ciudadanos, habida cuenta su escasa implantación en el mundo rural, o en Podemos, que tiende a contemplar con frialdad el coste que exigen obras de tan mayúsculo impacto. Y el PR+, aunque asume la conveniencia de mejorar el mapa regional de infraestructuras, aparta de sí el actual proyecto y se acerca a quienes se muestran disconformes.

Se trata de un grupo rebelde donde asimismo habita ese mismo gen de la contradicción. ¿Queremos incorporarnos a las grandes ligas enoturísticas mientras obstruimos la llegada de visitantes? ¿No era Ribera de Duero, comarca muy bien conectada por tren con Madrid, el modelo que debería inspirarnos? Más contradicciones, más preguntas. ¿Por qué la alta velocidad genera tanta contestación en La Rioja Alta mientras no suscita controversia conocida en la Baja? ¿Es que su paisaje carece del mismo valor? ¿O será que en efecto la realidad es pura paradoja? Lo sabe bien el Consejo Regulador, que deberá lidiar en esta polémica como suele entre los intereses de grandes, medianos y pequeños del sector, lo cual explica su tardanza en ofrecer su opinión.

Aunque tampoco hace falta que se apresure. Vista la demora clínica de Fomento o su tendencia a la chapuza (el último premio se lo reparten Pastor y De la Serna, que dejaron caducar la declaración de impacto ambiental), no hay que darse prisa. Este tren no viaja tan rápido. Permite por lo tanto que anide en La Rioja la eterna propensión a elegir entre el menor de entre dos males, donde exhibe su reconocida pericia. Esa habilidad tan nuestra para situarnos en la tierra de nadie. El territorio de la derrota.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Moncloa espera a Ceniceros

Mariano Rajoy se mudó del Palacio de la Moncloa sin haber recibido como presidente al jefe del Gobierno de La Rioja, José Ignacio Ceniceros. Una rareza poco entendible, teniendo en cuenta además que ambos militan en el mismo partido. Una rareza que Pedro Sánchez promete remediar. Telefoneó a Ceniceros recién nombrado presidente y le incluyó entre los mandatarios autonómicos que desfilarán por Presidencia… cuando concluya la ronda inicial de visitas de los presidentes de regiones históricas. La Rioja puede esperar.

Sáenz declara por fin sus bienes

Con algún mes de tardanza respecto a su nombramiento de Raquel Sáenz como directora general de Política Local allá en febrero, desde mayo la web del Gobierno ya incluye los datos con su declaración de bienes. Una demora que obedeció, según un portavoz gubernamental, a razones de carácter técnico-informático. En su declaración, la también alcaldesa de Jalón asegura que posee activos por un valor cercano a los 127.000 euros.

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Religión y política en La Rioja contemporánea
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Jorge Alacid | 25-06-2018 | 9:48| 0

Natalia Rodríguez, diputada de Podemos, antes de iniciarse el último pleno del Parlamento de La Rioja. Foto de Díaz Uriel.

 

Quiso el azar que la diputada de Podemos Ana Carmen Sainz interrogase ayer al Gobierno sobre la extensión del concepto de laicidad en la vida pública mientras las balas de fuego amigo silbaban a su alrededor, implicada como está en la última guerra religiosa que protagoniza la izquierda riojana. La ideología es en realidad el genuino opio del pueblo. Ha relevado en esa condición a la religión desde que los partidos transformaron a sus afiliados en feligreses. A quienes exige cada día un acto de fe. El dogmatismo es la nueva política.

De modo que Sainz se compinchó con Juan Calvo y Germán Cantabrana para suministrar a Natalia Rodríguez la misma cariñosa dosis de luz de gas que desde la dirección de Podemos se regala a los tres diputados a quienes juzga alejados del catecismo del buen militante. Rodríguez respondió al ninguneo de sus compañeros con una exhibición de lenguaje no verbal. Vestida de morado intenso, ignoró con la mirada al trío de supuestos tránsfugas que le dedicaron un desprecio análogo y se ausentó en cuanto pudo de la butaca: nada de cuanto tuvieran que decir sus conmilitantes le interesaba. Ceño fruncido frente a las sonrisas que se dirigían entre sí los miembros del terceto desafecto. La vieja liturgia, esas risitas que compartíamos en el patio del colegio cuando decidíamos aislar a quien se apartaba del clan. De la tribu. De la parroquia.

Será que tampoco hemos avanzado tanto. La izquierda que venía a mejorar la calidad democrática se comporta más o menos como quienes perseguían a los primeros cristianos en la Antigüedad. Hechicerismo, piras en la plaza pública (hoy, las redes sociales) y resto de parafernalia, incluyendo la infabilidad del sumo sacerdote y la condena a las tinieblas exteriores del discrepante, hereje máximo. No, casi nada cambia. Lo cual es por otro lado muy coherente con esa idea del eterno retorno que impera en la política riojana, donde todo se mueve para que todo siga igual.

Lo prueba que vuelven los 90. Algunos protagonistas de esa década se resisten a alejarse de los focos, como bien se percibe en el PP y en el Gobierno, pródigos en integrantes del ala senior, de Ceniceros a Cuevas pasando por Escobar o Martín, por no mencionar a Sanz, Vadillo o Arruga. Sí, vuelven aquellos maravillosos años en que las páginas de este periódico concedían alta relevancia a Arenilla, Revuelta o Pérez Sáenz, otra vez de actualidad todos ellos por razones muy variadas. O a Pablo Santaolalla y César Ortega, antiguos ediles del Logroño de entonces, que acuden al Parlamento a conferenciar con sus pares del PP, ahora que su partido quiere parecerse tanto al triunfal PSOE que le da por organizar primarias en medio del navajeo interno según la misma lógica que hasta hoy capitalizaban las filas socialistas.

Y puesto que en el escenario no se divisan grandes novedades, deben buscarse entre las bambalinas del Parlamento, por donde deambulan los recién contratados que llegan para demostrar que la nueva política tal vez no sea tan nueva pero desde luego es más cara. Y sorprendente. Puedes convertirte en asesor cuando hace apenas diez minutos militabas en la facción nini de nuestra sociedad. Milagroso, en efecto. Lo propio de cuando reina la política como alternativa a la religión, auténtica aspiración de la nueva religión morada: erigirse en la única fe posible. La del converso, a quien antes se pasea por el Gulag contemporáneo, como una moderna Inquisición. Que también exige su Zugarramurdi. La vieja izquierda. La izquierda que bosteza y hace bostezar.

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Sobre el autor Jorge Alacid
Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.