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Bernardo Sánchez Salas

Material escolar

Máster en Cifuentes

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La universidad es la caña. Ha logrado sustituir en la calle a cualquier otro tema de conversación. En las peluquerías en las que antes se leía el Hola mientras aguardabas turno, ahora se leen Guías Docentes de asignaturas, con sus Cronogramas correspondientes. En las televisiones, los programas de máxima audiencia son los Programas de Doctorado, con diferencia sobre cualquier otro reality. De hecho, la tribuna donde se ha debatido la precaria situación de los miles de profesores asociados de la universidad española no ha sido la tribuna del parlamento sino un concurso de Antena-3 llamado ¡Boom! En él, un profesor asociado confesó hace un mes su conversión en concursante asociado, porque le sale más a cuenta: «he dejado el trabajo para dedicarme de lleno al programa», explicó el antiguo docente de Bellas Artes y ahora miembro del equipo “Los Lobos”. «Hubo un momento en el que tuve que decidir y me quedé con el programa». La segunda vuelta a la pregunta de la primera juventud: ¿y tú qué quieres hacer? Los asociados han sido, por fin, trending topic, un ¡Boom! televisivo. Alguien estará ya ingeniando un concurso de supervivencia de profesores asociados en algún Cayo hondureño. Un concurso de televisión, bien jugado, tiene más salidas que un concurso de méritos, aquella original -por auténtica- pero hoy empobrecida versión del mérito y de las bellas artes. Un, dos, tres, responda otra vez. ¡Boom! Incluso, en la estela de esto que hablamos, la postverdad ha sido sustituida por el postgrado, y el talento ya alcanzado el rango de genero de prime-time: ahora es ¡talent!, ¡talent show!, un factor X. La contraseña, en fin, la comidilla, es la cosa del TFM. Tú, hace sólo un par de semanas, preguntabas por ahí quién sabia lo que era un TFM y lógicamente mucha gente te hubiera respondido que una Radio-fórmula o así. Pero, amigos míos, últimamente en España no se leen periódicos, sólo actas; y en los domicilios particulares se ha sustituido el calendario zaragozano por el calendario de calificación de actas: de TFM, claro. Un ¡Boom! el TFM. Ya no se habla en ningún sitio del tiempo sino de los plazos: de convocatorias de los TFM. Los temas de conversación –y de discusión- más habituales en la fila de la compra, o en el ascensor, o en las sobremesas familiares, o en la media hora del café giran en torno a la composición correcta y ajustada a ley de los tribunales de un TFM. Es más, se sabe de algún hijo que, en un tenso aparte con su padres, les ha preguntado si tienen en regla las notas de la EGB, porque se oyen comentarios. Nadie sabe a estas alturas –no sé si ni ella misma, dedicada ya de lleno a otras cosas, al ‘programa’, vaya-; nadie sabe, digo, si Cristina Cifuentes hizo alguna vez un máster, y cómo, entonces, pudo llegar a su ‘fin de’ máster; nadie sabe si en estos tiempos de tiniebla no presencial si la Presidenta pasó por un aula o por una defensa o por una plataforma informática o por la cafetería; ni nadie sabe qué documentos son esos ni qué firmas (ni qué mano las rubrica) ni, bueno… todo eso que mostró ante las cámaras, en la comisión del otro día; nadie sabe si el presunto TFM era, por tanto, en ilusionismo, en escamoteo o en cuadros disolventes. ¿O venía a constituir lo del otro día la verdadera defensa del máster? Porque lo cierto es que España entera lleva semanas cursando este TFM que, con el tiempo, sobre lo que único que parece tratar es sobre la propia Cristina Cifuentes. ¿Era ella el tema, el principio y fin de su propio máster? Rajoy, por ejemplo, cuando le preguntan al respecto, es como si ya la tuviera aprobada o amortizada: «¿Cifuentes? Ah, bien», contesto el martes ¡en Argel!; como quien dice: si ésa asignatura ya me la sé, hombre, la de Cifuentes, claro. Pero, en cambio, para la mayoría de los españoles, que no somos Rajoy, todo es nuevo y está suponiendo una inmersión acelerada, todo un máster, en los protocolos de la universidad y en la materia cifuentina. Y es gloria bendita interceptar en el tiempo de espera en un semáforo una conversación acerca de los porcentajes de calificación que, en un TFM, otorga el tutor y el que otorga la comisión juzgadora. Pues hay mucho, pero que mucho más. Esto es sólo es el principio. Verán en cuanto entren en el mundo de los asociados y vean que estos se pueden clasificar en P3, P4, P5 ó P6; que el personal universitario en general se divide en PDI o PAS; que existe un POD que hay que hay que gestionar cada curso; que están la CRUE o la ANECA, y que además del TFM existe el TFG. Qué caña.

Espacio de opinión en el que se aúnan las artes escénicas, el panorama político, el cine, la radio, y la televisión. Además de la cultura en general y la vida en particular. Su autor es Bernardo Sánchez Salas, escritor, doctor en filología hispánica y guionista.

Sobre el autor

Bernardo Sánchez Salas (Logroño, 1961) Escritor, Doctor en Filología Hispánica, guionista de cine y televisión y autor teatral: Premio Max en 2001 por la adaptación escénica de la película El verdugo y adaptador, también, de obras de Arthur Miller (El precio, nominado en 2003 al Max a la mejor adaptación), Tirso de Molina (La celosa de sí misma), Antonio de Solís y Rivadeneyra (Un bobo hace ciento) –ambas para la Compañía Nacional de Teatro Clásico-, Aristófanes (La asamblea de las mujeres), Edgar Neville (El baile), Howard Carter Beane (Como abejas atrapadas en la miel), Jeff Baron (Visitando al señor Green, nominado en 2007 al Max a la mejor adaptación) o Rafael Azcona (El pisito). Sus trabajos teatrales –realizados para unidades de producción públicas y privadas- han sido dirigidas por Luis Olmos, Jorge Eines, Tamzin Townsend, Juan Echanove, Sergio Renán, Esteve Ferrer, o Juan Carlos Pérez de La Fuente. Es también autor de textos teatrales originales como Donde cubre y La sonrisa del monstruo (dirigidos por Laura Ortega para la RESAD), El sillón de Sagasta (dirigido por Ricardo Romanos) y La vida inmóvil (dirigida por Frederic Roda). Ha publicado estudios sobre el dramaturgo del siglo XIX Bretón de los Herreros y editado algunas de sus obras; fue corresponsal de la revista El público. Autor del conjunto de relatos Sombras Saavedra (2001), publicado por José Luis Borau en “El Imán” y de monografías individuales y/o colectivas sobre Rafael Azcona, Bigas Luna, Luchino Visconti, Viçenc Lluch, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Antonio Mingote, Pedro Olea, el Documental Español, la Literatura y el Cine en España o El Quijote y el Cine.


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