La Rioja
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Así funciona el nuevo stock de Rioja: preguntas y respuestas
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Alberto Gil | 30-06-2018 | 16:53| 0

¿Qué es el ‘stock’?
Es una herramienta habitual en zonas como Champagna, muy condicionada por las incidencias climáticas, y también se está trabajando en otras regiones francesas para limitar los efectos de hipotéticas heladas o sequías que, con el cambio climático, son cada vez más comunes. En Rioja, hubo un precedente, en el año 2007, que fracasó al no regularse bien su desbloqueo.

¿Por qué ahora… de nuevo?
A la sobreproducción de la campaña del 2016, que dejó muchas uvas sin vendimiar de calidad, le siguió la del año pasado que, con una fuerte helada, provocó problemas de abastecimiento. La idea es contar con una ‘despensa’ para afrontar futuros problemas.

¿Por qué cualitativo?
Hay dos aspectos básicos que puede servir para la mejora de vinos. En primer lugar, la selección de uvas: algunas de las mejores uvas se quedan en el campo, ya que si el viticultor cubre la cartilla con los viñedos más productivos y más fáciles de vendimiar y las bodegas no pagan la diferencia por las viñas más viejas o de más difícil acceso, en ocasiones no se vendimian, sencillamente, porque no compensan los costes. Por otro lado, está la mejora de vinos:a diferencia del precedente del 2007, en esta ocasión el ‘stock’ tiene carácter individual. Es decir, si se ‘pica’ un depósito o un viticultor tiene una parcela con problemas sanitarios, por ejemplo, la bodega o el viticultor podrá calificar su propio ‘stock’ o parte de él para mejorar el producto o, sencillamente, porque es mejor el vino de una añada ‘stockada’ que de la siguiente.

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¿Cómo se regula en mi cartilla?
uEl Consejo Regulador aprueba dos tipos de rendimientos: el amparado y el denominado de campaña. La diferencia entre ambos, de forma voluntaria, podrá ir a ‘stock’ con dos limitaciones principales: no podrá ser superior al 10% sobre el rendimiento amparado en un año (este año como máximo, por tanto, será del 8%) ni superior al 20% en tres años.

¿Cómo lo solicito?
Es automático. Si alguien no desea acogerse, viticultor o bodega, deberá renunciar expresamente antes del 30 de noviembre de cada campaña.

¿Qué pasa si no hago ‘stock’?
Si el viticultor tiene acuerdo con la bodega, podrá entregar también hasta el 118% de sus uvas y ésta elaborarla, pero ese 8% adicional deberá salir antes de la bodega como vino de mesa (como hasta ahora) antes del 31 de mayo del año siguiente. Asimismo, con carácter excepcional no habrá descalificación de producción hasta que no se pase del 125% en la entrada de uva en bodega. Eso sí, la diferencia sobre el 118% máximo de campaña se deberá destilar y acreditar que así se ha hecho, con lo que ‘las pasadas de frenada’ tienen coste económico.

¿Cómo hago si no tengo bodega?
La herramienta es muy útil para cooperativas, con capacidad para transformar la uva excedentaria de sus socios, y para la pequeña y mediana bodega con viñedo propio o pocos proveedores. Más difícil es para la gran bodega porque contrata con multitud de proveedores. En todo caso, la transformación, y conservación del ‘stock’, deberá pactarse individualmente entre bodega y proveedor, incluyendo el cálculo de costes y el beneficio de una hipotética calificación del vino. Así deberá reflejarse en los contratos obligatorios de pago por la uva.

¿Seguro agrario?
El ‘stock’ individual se concibe como una pequeña despensa, casi como un seguro agrario. Es decir, cada viticultor que se acoja dispondrá de una parte adicional de vino que podrá calificar de forma inmediata si a la siguiente cosecha, por ejemplo, no llega al rendimiento amparado por un pedrisco o cualquier otra cuestión. Es decir, hay desbloqueo individual (previsto) y permite afrontar con más garantías y tranquilidad la siguiente campaña. El desbloqueo individual se permite también para mejora de vinos (cualitativo).

El desbloqueo colectivo
Ha sido uno de los asuntos más espinosos de la negociación tras la experiencia del 2007, cuando grandes bodegas y cooperativas pidieron contraetiquetas de forma artificial antes de la fecha final del ‘stock’ (para bajar la ratio) y conseguir la calificación del vino. En esta ocasión, se fija una ratio de 2,80 (relación entre ventas y salidas) –a última hora se bajó del 2,85 que inicialmente se había previsto– como punto clave para el desbloqueo colectivo: si la ratio baja de ahí, se calificará vino de forma obligatoria del ‘stock’, aunque se hará en el porcentaje necesario, y prorrateado de todos los inscritos, para volver alcanzar ese 2,80. En el extremo opuesto, si la ratio supera el 3,05 no se calificarán de forma automática las reservas individuales, sino que el interesado deberá acreditar que tiene una merma por incidencia climática de al menos el 30% de su producción o presentar un acuerdo personal con la bodega de amparo.

¿Se pervierte el concepto de añada?
No. Los vinos ‘stockados’ podrán criarse y envejecerse como el resto, por lo que mantienen la añada. Además, el pliego de condiciones permite mezclar hasta un 15% de vinos de otras añadas, sin olvidar que hay una figura prevista (conjunto de varias cosechas) para etiquetar vinos de diferentes añadas.

¿Cuándo el vino tiene que abandonar el ‘stock’?
Si tres años después de la vendimia no se ha calificado una partida catalogada como ‘stock’, deberá abandonar la bodega el 31 de mayo del año siguiente, como toda aquella que se transformó y no se amparó ni se acogió al ‘stock’.

Sin destilación obligatoria
Uno de los puntos más conflictivos de la negociación ha sido el destino del ‘stock’ en caso de que no se calificase. De hecho, varias organizaciones proponían la obligatoriedad de destilación, pero la venta como vino de mesa, en dicho supuesto, cubre los costes de transformación de la uva en vino, por lo que ha sido un factor de peso. Es decir, sin esa oportunidad de salida al vino –la misma que tiene el vino que entra en bodega para quien no hace ‘stock’– no se hubiera aprobado.

Los viñedos singulares
No hay posibilidad de ‘stock’. Con cartilla independiente, el rendimiento máximo amparado por hectárea es de 5.000 kilos para uvas tinta y 6.992 kilos para uvas blancas. Serán los auténticos vinos ‘pata negra’ de Rioja.

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Sobre ‘Rioja Oriental’
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Alberto Gil | 19-04-2018 | 09:09| 0

El Consejo Regulador ha consumado el fallecimiento oficial de Rioja Baja, un territorio así conocido durante cientos de años y, formalmente como tal, desde la constitución de la DOP en 1926. El argumento principal utilizado es que, como sólo dos operadores han indicado la zona ‘Rioja Baja’ en su botellas desde 1999, hay que dar una oportunidad a ‘Rioja Oriental’.

No obstante, usando la misma tesis, entiendo que una decisión tan trascendente –cambiar la Historia lo es– debería venir avalada por compromisos de uso de ‘Rioja Oriental’ de quienes han promovido el cambio de nombre, algo que uno de sus principales valedores, el bodeguero Álvaro Palacios, ya ha dejado claro que no contempla al menos a corto plazo. Tampoco creo que ‘Rioja Baja’ haya tenido una oportunidad real, ya que es ahora por primera vez, no en 1999, cuando se ha planteado el desarrollo de nuevos vinos vinculados al origen, pero sobre todo creo que el debate ha sido demasiado corto para recabar en realidad las opiniones de bodegas y viticultores riojabajeños.

En este sentido, me pregunto que pensarían en La Rioja Alta si Rioja Oriental exigiera ahora cambiar su nombre por Rioja Occidental –quizá más ‘peyorativo’ que vender vinos de ‘Rioja Baja’ sea competir con vinos que se llaman ‘Rioja Alta’ sin la existencia de su antónimo geográfico – o qué dirían en Rioja Alavesa si los municipios riojanos de San Vicente, Ábalos y Briñas –condenados administrativamente al aislamiento geográfico– exigieran el cambio de la indicación por Sonsierra. ¿Sería suficiente una decisión mayoritaria del Consejo Regulador? Las votaciones las carga el diablo.

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Rioja Baja… con orgullo
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Alberto Gil | 13-04-2018 | 16:53| 0

Mateo Ruiz, Bodegas D. Mateos, reivindica sus raíces y el factor diferencial de la garnacha, el graciano y el mazuelo en la personalidad de los vinos de la comarca

Por mucho que el Consejo Regulador haya decidido archivar cientos de años de historia y taparse los oídos, seguiremos escuchando hablar de Rioja Baja, de los vinos de Rioja Baja. Esta amplísima comarca administrativa, desde Agoncillo hasta Alfaro, tiene por delante mucho tiempo para trabajar y mostrar su extraordinaria diversidad que, especialmente en las faldas de los montes del Sistema Ibérico, es capaz de sorprender y ofrecer grandes vinos con personalidad y carácter propio: «Nuestros viñedos, en los términos de Alfaro, Aldeanueva y Autol, van desde los 320 metros de altitud hasta los 650, lo que nos permite trabajar con un amplio catálogo de opciones», explicó ayer Mateo Ruiz, Bodegas D. Mateos, en la presentación de sus vinos en el club de catas de lomejordelvinoderioja.com.

Apenas nada se supo de Rioja Oriental durante la cata, salvo una pregunta del respetable: «No me identifico con Rioja Oriental; de tener una subzona, como zona geográfica que es, debería ser Rioja Baja», zanjó el bodeguero. La viticultura en Aldeanueva se remonta a cientos de años, aunque a comienzos de este último siglo surgieron nuevas bodegas y se ampliaron los campos de cultivo: «No era fácil hace 20 años conservar los viñedos de garnacha situados en el monte, pero nosotros lo hicimos y ahora estas uvas están en nuestros vinos», señaló Mateo Ruiz.
Esas garnachas, junto con también viejos mazuelos, y las plantaciones de graciano por las que apuesta el bodeguero desde hace un par de décadas se combinan en diferentes proporciones en todos los vinos de Bodegas D. Mateo: «El tempranillo también se adapta bien en nuestra comarca, pero estas otras uvas, de ciclo más tardío, nos ofrecen un salto diferencial, de calidad y de personalidad de zona».

Mateo Ruiz, en una imagen de la cata Miguel Herreros

Mateo Ruiz, en una imagen de la cata de mi compañero Miguel Herreros

La cata
Bodegas D. Mateos trabaja con tres gamas de vinos: Navaldar, «la más Rioja» en palabras de Mateo Ruiz; Insolente, una colección de varietales más fresca y divertida; y La Mateo, una espectacular familia de vinos que rinde homenaje a la ascendencia masculina de la familia: «Mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo… siempre cultivaron sus propios viñedos y se merecían este homenaje».

El bodeguero comenzó la cata con Navaldar 2015, un crianza de la gama más tradicional de Rioja, aunque con el propio concepto de Bodegas D. Mateos: «Las cuatro variedades, tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, son importantes», en un vino carnoso, potente, pero de final amable, en el que el mazuelo y el graciano aportan una frescura y una acidez que agradece el conjunto. Insolente Graciano 2016 forma parte de la colección de varietales. Nada es fruto de la casualidad: «Nos ha costado quince años poner todos estos vinos en el mercado, con una primera fase de estudio y catalogación de los viñedos y una segunda de pruebas enológicas y con diferentes maderas hasta que entendíamos que estábamos preparados», indicó el bodeguero. En el caso del graciano, D. Mateos hizo las primeras vinificaciones varietales en el 2003, pero no salió al mercado hasta el 2012. Es un vino más joven, con mucho trabajo para pulir cualquier asomo de ‘aristas’ y el componente vegetal de esta variedad que solo en las zonas más cálidas de Rioja garantiza su vinificación por separado con regularidad.

La Mateo es la colección de vinos de familia: crianza, reserva y los dos varietales de garnacha y tempranillo blanco. Tal y como dejó claro el bodeguero, cada vino tiene su propia personalidad y, en este sentido, La Mateo Crianza 2014 incorpora una base de tempranillo (70%), con garnacha (27%) y graciano (3%). Combina la fruta con una madera también presente, que redondea un vino goloso y carnoso, mientras que La Mateo Reserva 2012 suma otra composición varietal, también con tempranillo como base –de diferentes viñedos y zona–, pero que se mezcla en esta ocasión con un porcentaje importante de graciano y mazuelo: «No tiene nada que ver con el anterior; con mayor acidez y frescura, es quizás más Rioja en el sentido clásico de vinos más longevos», describió el bodeguero. Y así se muestra en la cata: más fresco y elegante y con una mayor complejidad por el tipo de maderas (francesas exclusivamente) elegidas para la crianza.

La Mateo Garnacha Cepas Viejas 2015 fue una de las sorpresas de la noche. Un vinazo, con una tremenda explosión de frambuesa y grosella y una madera perfectamente integrada: «Son viejos viñedos de garnacha, una gran variedad que siempre ha diferenciado nuestra zona y que creo que en ninguna otra de Rioja puede alcanzar una calidad como en la nuestra». Y, como cierre, La Mateo Tempranillo Blanco 2016 –que junto con el anterior fue el elegido de técnicos y aficionados en el juego de preferencias de la aplicación para smartphones que JIG estrena esta temporada para el club de catas–, un blanco gastronómico, con cuerpo y que, tras unas primeras notas de madera fina, deja paso a un abanico de cítricos y aromas y gustos tropicales.

El ‘irregular’ tempranillo blanco es el protagonista del vino: «Yo creo mucho en esta variedad, autóctona y única en todo el mundo; hay que dejarle tiempo pero con una buena crianza nos va a dar muchas alegrías», señaló Mateo Ruiz, quien apostó por el tempranillo blanco desde el primer momento y hoy, ese especial viñedo, tiene ya trece años: «Hemos vuelto a plantar posteriormente y, aunque ya con seis años de edad, no es todavía lo mismo, pero lo será con el tiempo».
En resumen, un grato descubrimiento el de Bodegas D. Mateos, que comenzó vendiendo sus vinos en la exportación y que, desde el año pasado, empieza a pisar fuerte también en el mercado nacional, con Rioja Baja y Aldeanueva de Ebro como identidad.

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Las dos únicas bodegas de zona de ‘Rioja Baja’ renuncian a ser ‘Orientales’
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Alberto Gil | 07-04-2018 | 12:50| 3

Viñedos Ruiz Jiménez y Bodegas Ilurce, que trabajaban con vinos comarcales, dejan de hacerlo por el cambio de nombre

El llanero solitario ha dejado de cabalgar…, al menos en solitario. Viñedos Ruiz Jiménez (Aldeanueva de Ebro), la única bodega que desde el año 2002 etiquetaba todos sus vinos como ‘Rioja Baja’, comunicó ayer al Consejo Regulador que renuncia a la indicación de zona, después de que la institución le advirtiera de que no podía referenciar la procedencia de sus vinos con la tradicional denominación, sino que tenía que hacerlo con la nueva indicación ‘Rioja Oriental’.

¿La última de las fililipinas.... de Rioja Baja?

¿La última de las fililipinas…. de Rioja Baja?

Francisco Ruiz Jiménez devolvió ayer al Consejo Regulador 30.000 contraetiquetas de vino de zona –con la nueva referencia ‘VZ’ tras la aprobación el pasado verano de las nuevas categorías de vinos que pretenden fomentar el origen de los mismos–, ya que los servicios técnicos le advirtieron de que si utilizaba dichas ‘contras’ no podía seguir usando en sus etiquetas el término ‘Rioja Baja’, sino que, obligatoriamente, debía emplear ‘Rioja Oriental’: «Llevo más de 15 años vendiendo mis vinos como ‘Rioja Baja’ en todo el mundo, pero no voy a hacerlo como ‘Rioja Oriental’». El viticultor, que exporta el 99% de su producción, ya reclamó, en estas mismas páginas de Diario LA RIOJA, algún tipo de explicación:«Si soy el único que utiliza la zona en Rioja Baja, cuando hay más de cien bodegas alavesas y decenas de La Rioja Alta que lo hacen en sus comarcas, creo que alguien debería preguntarme».
Ruiz Jiménez explica que «puedo llegar a entender un cambio de nombre e incluso que estoy equivocado, pero para ello debería encontrarme con que varias de bodegas de la zona estén etiquetando sus vinos como ‘Rioja Oriental’, pero ni una sola se ha planteado hacerlo». «Ahora, todo el mundo escurre el bulto –continúa–, pero me dejan a mí sin posibilidades de seguir defendiendo una comarca en la que creo sin reservas».
En este sentido, Francisco Ruiz Jiménez insiste en su propuesta hecha a varias bodegas y viticultores de la zona: «Si nos pusiéramos de acuerdo las bodegas de la comarca y etiquetáramos como zona nuestros mejores vinos, Rioja Baja por supuesto porque así nos conocen desde hace al menos 80 años, en diez años habría una revolución en la denominación de origen, pero para eso hay que quitarse de encima los complejos de inferioridad».

El cambio de nombre
La propuesta de cambio del nombre de la zona, de Rioja Baja a Rioja Oriental, fue defendida por la Federación de Cooperativas de La Rioja (Fecoar)y por ARAG-Asaja al mismo tiempo que, el pasado verano, el Consejo Regulador proponía aprobar las nuevas categorías e indicaciones de Viñedos Singulares y Vinos de Municipio. De hecho, estos últimos y la revisión del etiquetado de los de zona, quedaron pendientes en primera instancia de un acuerdo de cambio de nombre. Finalmente, el pleno del Consejo Regulador aprobó el cambio de denominación para los vinos de Rioja Baja, aunque supeditado al estudio de las posibilidades de registro de ‘Rioja Oriental’ y de la opinión de distintas agencias y prescriptores sobre su conveniencia. Pero nada se supo de este último estudio y lo cierto es que el Consejo Regulador solicitó ante Bruselas el cambio de denominación de zona en el pliego de condiciones, lo que ahora obliga a etiquetar los vinos de dicha comarca como, sí o sí, de ‘Rioja Oriental’.

El otro caso
El de Ruiz Jiménez no es un caso único. Bodegas y Viñedos Ilurce (Alfaro) solicitó en la pasada vendimia la trazabilidad al Consejo Regulador como vinos de zona para sus viñedos de la comarca. Ilurce trabaja con la distribución de Jorge Ordónez, el mayor importador de vinos españoles de EEUU, y éste les solicitó un embotellado especial para el país norteamericano con el etiquetado de zona ‘Rioja Baja’: «No teníamos problema en trazar nuestros vinos porque trabajamos con nuestros viñedos de Alfaro y Monte Yerga», explica Inmaculada Escudero. «El problema vino –continúa– cuando el Consejo nos dijo que si queríamos etiquetar el vino como ‘Rioja Baja’ deberíamos hacerlo a todo velocidad porque iba a prohibirse».

La familia Escudero consultó con Ordóñez, probablemente el mejor conocedor español del mercado norteamericano, y éste les dijo que en ningún caso pusieran ‘Rioja Oriental’: «Para qué esta viaje», se pregunta Inmaculada Escudero. «Nosotros siempre hemos hecho vinos de Rioja Baja con todo el orgullo y nuestro importador, que algo sabrá de esto, nos pidió etiquetarlos como tal, pero de Rioja Oriental ni él ni nosotros queremos saber nada».
Lo curioso de todo es que el cambio de nombre se planteó supuestamente para fomentar los vinos comarcales y locales: 143 de Rioja Alavesa eran elaboradores de vino de zona en la comarca el año pasado, 27 de Rioja Alta y 2 de Rioja Baja. Ahora, si no cambian, las cosas, los de Rioja Oriental serán cero.

El Consejo se reúne el miércoles para analizar el tema en la comisión de zona

El asunto no está pasando desapercibido para el Consejo Regulador. La asociación Bodegas Familiares de Rioja solicitó la reunión de la Comisión de Zona y Municipios, constituida para analizar las nuevas figuras aprobadas el pasado verano pero y tratar, entre otros asuntos, el cambio de denominación de ‘Rioja Baja’ a ‘Oriental’. Tras constatar que varios de sus asociados no estaban de acuerdo con el cambio de nombre, Bodegas Familiares plantea que, al menos, se pueda seguir indicando Rioja Baja en las etiquetas. En este sentido, ni una sola bodega, más allá de Ruiz Jiménez o Ilurce, se apuntó en 2017 a la elaboración de vinos de ‘Rioja Oriental’. En las páginas de Diario LA RIOJA se han podido leer varios testimonios contrarios al cambio de nombre como los de bodegas como Nestares Eguizábal (Galilea), Ortega Ezquerro (Tudelilla), D.Mateos (Aldeanueva de Ebro), Vinos en Voz Baja (Aldeanueva), además de los de Ilurce y Ruiz Jiménez.  Tampoco entre los prescriptores parece haber cuajado la idea y Luis Gutiérrez –el hombre actualmente más influyente para los vinos españoles como catador para Robert Parker– ya lo advertía en su último reportaje sobre la denominación de origen: «Creo que Rioja Oriental tiene posiblemente más connotaciones peyorativas en ciertos círculos de EEUU… Y es confuso, ya que lo oriental se asocia con lo asiático», advertía. La última crítica ha venido desde la revista Gourmet, que, en un artículo firmado por Helio San Miguel titulado ‘Rioja Oriental: Nombre a evitar’–, escribe sin ‘pelos en la lengua’: «El término ‘oriental’ ha tomado un cariz marcadamente peyorativo hasta convertirse hoy en ofensivo en Estados Unidos». «El propio presidente Obama tomó la decisión de prohibir su uso en los textos legales del gobierno federal». «Rioja Oriental –continúa– es recibido con una mezcla de carcajadas, confusión y estupefacción».

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¿Origen NO Rioja?
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Alberto Gil | 11-03-2018 | 18:43| 0

El Consejo Regulador ‘ajusta’ el vídeo de su nueva campaña ‘Saber quién eres’

Algunas de las imágenes utilizadas por la agencia Shackleton ofrecen dudas sobre la procedencia real de los viñedos mostrados

Rioja presentaba esta semana en Madrid su nueva campaña internacional, con la Real Academia Española como escenario, y con un claro guiño al origen, del propio vino pero también de la lengua castellana, cuyos primeros textos vieron la luz en San Millán de la Cogolla. Por primera vez, la denominación de origen acompañará sus presentaciones en todo el mundo con el eslogan ‘Saber quién eres’ en español, sin traducción incluso ni en China. La idea ha sido de la agencia de Shackleton, creada en enero del 2004 por dos conocidos nombres de la publicidad, como son Pablo Alzugaray y Juan Nonzioli. El propio Alzugaray presentaba así la campaña: «¿Qué, si no una exaltación misma de la esencia, es una denominación de origen? ¿Qué, si no la lengua, puede significar mejor de dónde se es?».

El caso es que el vídeo promocional ‘Saber quién eres’, volcado en Youtube y destinado a su difusión por redes sociales, incluye algunas imágenes inusuales en Rioja. Las mayores dudas sobre su verdadera procedencia las ha provocado un viticultor que, con una gorra nada típica por estos lares, cuida sus uvas blancas de unos grandes emparrados extraños en esta comarca vitícola: «No se trata de un rodaje expresamente, sino de un montaje de un banco de imágenes y es cierto que se han generado algunas dudas sobre si había alguna que podía no ser de Rioja y por eso se está editando el vídeo para modificarlo», aclara José Luis Lapuente, director general del Consejo Regulador. Lapuente resta en cualquier caso trascendencia a la anécdota al señalar que «el vídeo no es la pieza principal de la campaña, sino que es una píldora más que transmite un mensaje general y, por supuesto, si se hubiera pensado su emisión para la televisión o grandes canales de difusión se hubiera rodado expresamente». «El montaje –agrega– incluye imágenes de todo tipo para reforzar una idea, pero no es la pieza principal ni mucho menos».

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Riojas con apellidos
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Alberto Gil | 01-03-2018 | 19:45| 0

 

Carlos Fernández (Bodegas Tierra) reivindica la identidad de los vinos de zona, de municipio y de parcela

A1-1405018194.jpgDe nombre Rioja, pero con apellidos Fernández Gómez, Rioja Alavesa, el Toloño, Labastida, Cuba Negra… Así son los vinos de Bodegas Tierra, que Carlos Fernández presentó el miércoles por la noche para los aficionados de lomejordelvinoderioja.com: «¿Si creemos en la diferenciación por vinos de pueblo y de finca? Sí o sí, y, si no, sí». «Rioja se ha olvidado en las últimas décadas de los ‘apellidos’, pero hay gente que, más allá de etiquetas, está aportando nuevas formas de elaborar y, en cierto modo, desandando lo andado para identificar los orígenes y eso es una gran noticia». El bodeguero, acompañado en el público de su hermano Fidel, recordó que Tierra cumplió el año pasado 25 años y que, desde sus orígenes, fue una de las primeras en apostar por la zona, el municipio y los vinos parcelarios: «Nuestros viñedos están en las faldas del Toloño y para nosotros Briñas, Labastida, San Vicente y Ábalos son la misma comarca, la que más nos gusta, lo que no quiere decir que haya otras mejores o peores».

La cata
Tierra, como el propio Carlos, es una bodega especial. De los 14 vinos que elabora cinco de ellos son blancos y, tal y como confesó el bodeguero, «últimamente nueve de cada diez botellas que abro son de blanco». Carlos Fernández considera que Rioja tiene mucho por decir en este ámbito, aunque la apuesta la tiene clara por las variedades históricas y los viejos viñedos de viura, garnacha blanca y malvasía.

El primer vino de la cata fue Tierra Blanco 2016, un fermentado en barrica fresco con el cupaje de las tres variedades citadas, aromático aunque sin pretender competir con las variedades terpénicas de otras zonas como Rueda o Rías Baixas: «La acidez natural nos permite elaborar grandes vinos blancos, incluso para comer con carne y es ahí donde Rioja creo que tiene un factor diferencial».

El aperitivo dio entrada a la ‘batería’ de tintos, comenzando por el Fernández Gómez 2016, un maceración carbónica que sigue fiel a los principios, al primer vino que elaboraron Fidel, padre e hijo, como Tierra en 1995: «Para mí», dijo Carlos, «este vino está espectacular, huele y sabe a vino, pero sin las gominolas ni los aromas de plátano que hemos visto en los últimos años en otras elaboraciones de uva entera». Tempranillo en un 80%, más un 20% de viura, garnacho y graciano, que Tierra etiquetará ya como ‘Vino de Labastida’ en la añada 2017.

El Primavera 2016 hace alusión al nombre de una de las naves con las que Manuel Quintano, sacerdote y científico ilustrado nacido en Labastida –y ‘maltratado’ por los cosecheros de la época–, envío los primeros vinos despalillados y criados en barrica a Veracruz y La Habana. Es un semicrianza, con el que Tierra atiende ahora la demanda del mercado americano: «Lo elaboramos con los viñedos más cercanos al río, 100% tempranillo», describió Carlos Fernández. Agradable, aromático, con ligerísimas notas de madera, y de trago largo.

Su hermano mayor, Tierra Crianza 2015, se elabora con un cupaje de ocho parcelas de tempranillo de Labastida. «Es el gran pilar de la bodega, con un perfil claro de esta variedad en Rioja Alta o Alavesa», describió el bodeguero, como le gusta decir, «con una mano en el corazón y otra en el bolsillo»: «Quisiéramos tener más tiempo en botella este vino antes de sacarlo al mercado pero hay que atender a los clientes».

Los parcelarios
Cuba Negra es una de las parcelas más especiales, de viñedos centenarios, para Bodegas Tierra y de donde han obtenido el material vegetal para una selección masal de tempranillos y variedades blancas históricas. De Cuba Negra salen dos de su vinos de finca: el Belisario, tinto cuyo nombre hacer referencia a otras de las naves ‘exportadoras’ de Manuel Quintano, y La Greña, un gran blanco con predominio de la malvasía riojana.

El Belisario 2010, con una producción de apenas 2.000 botellas y servido en la cata en formato magnum, es contundente, de alto grado y estructura, pero sujetado por la acidez natural: «Mi abuela decía que hay que echar el arroz a puños y de este viñedo el vino sale también a puños», dijo el bodeguero. Para terminar, La Greña, un blanco ‘clásico’ y pura delicadeza. De la añada 2014 (también magnum), tiene mucha, mucha, vida por delante, como ejemplo de los grandes blancos que se pueden hacer en Rioja.

Entre un público, entre 50% aficionado y 50% profesional, dato conocido gracias a la aplicación que esta temporada JIG estrena en el club de catas, el más destacado fue… El Belisario.

Vinos y precios:

Tierra Blanco Fermentado en Barrica 2016. 8 euros.
Fernández Gómez 2016. 6,3€.
El Primavera 2016. 7,5 euros.
Tierra Crianza 2015. 11,9 euros.
El Belisario 2010. 38 €.
La Greña 2014. 38 euros.

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Cuando la Tierra lo es todo: cata el 28 de febrero
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Alberto Gil | 21-02-2018 | 10:29| 0

Bodegas Tierra, el próximo miércoles 28 en el club de lomejordelvinoderioja.com

Carlos Fernández presenta el compromiso con los viejos viñedos y la comarca de la bodega familiar de Labastida

«Tierra es todo, no sólo el nombre de la bodega, sino la identidad de nuestros vinos, de una comarca y de un municipio como Labastida». Así presenta Carlos Fernández el proyecto bodeguero de una familia que cultiva –«todavía a medias con el banco», explica entre risas– 24 hectáreas de viñedo en el entorno de Labastida y Briñas y que elabora once referencias de vino distintas.

Bodegas Tierra nació en 1992, aunque la familia de los Fernández Gómez lleva varias generaciones cultivando y elaborando vino: «Mi abuelo Emilio fue uno de los fundadores en 1964 de la cooperativa de Labastida, pero mi padre Fidel decidió en 1992 dejar la cooperativa y recuperar la vieja bodega de elaboración». Lo hizo con sus hijos mayores Rodrigo y Fidel, este último histórico director técnico de una de las bodegas más prestigiosas de Rioja Alavesa, quien con Carlos, que se sumó en el 2005, tutela hoy la empresa familiar.

Tierra es una de las dos únicas bodegas que quedan en el barrio de la judería (los calados históricos) de Labastida, pero Carlos Fernández presta especial atención al viñedo como factor diferencial. «La media de edad de nuestras viñas es de unos 42 años, lo cual no es lo común». «Mi abuelo Emilio, que no era un visionario sino más bien pobre, fue comprando viñedos en los años 60 y 70, y lo único que podía pagar eran aquellos de suelos poco productivos, que eran los que menos dinero valían porque entonces en Labastida y en toda Rioja lo que primaba eran los kilos». Hoy en día son esos viñedos, algunos de ellos centenarios, los que han permitido a los Fernández Gómez contar con su propia selección clonal y los que marcan la identidad de los vinos de Tierra.

La cata
Carlos Fernández presentará el próximo 28 de febrero seis de las elaboraciones de la bodega. La cata comenzará con Fernández Gómez 2016, un semimaceración carbónica, y con El Primavera, un semicrianza (tres meses) que hace referencia al momento de lanzamiento al mercado. Ambos vinos son reflejo de la tipicidad municipal de Labastida:«Trabajamos vinos de zona, Rioja Alavesa, de pueblo, Labastida, y parcelarios; creemos en la zonificación, en vinos ni mejores ni peores, pero sí diferentes porque Rioja vende 400 millones de botellas y no todas pueden ser iguales», argumenta Carlos.
Tierra Blanco Fermentado en Barrica 2016 es un ‘cañón’ aromático de viura, malvasía y garnacha blanca que contradice viejos prejuicios de las variedades blancas autóctonas riojanas: «Lo solemos vender en los seis primeros meses, pero personalmente me gusta con más tiempo por los ligeros matices oxidativos que coge con el tiempo en botella». Su ‘pareja’ en la cata será Tierra Crianza 2015, un vinazo de rotación que se elabora con tempranillos de más de 40 años de una selección de ocho parcelas de los viñedos de la bodega.

Los parcelarios
Carlos Fernández presentará también dos vinos parcelarios, del pago CubaNegra, entre Labastida y Briñas, cuyos sarmientos forman parte de un proyecto de investigación con la empresa Neiker y el Gobierno vasco para recuperar selecciones masales originales de la comarca.
El Belisario 2010 se elabora con los tempranillos de la finca, mientras que La Greña 2014 integra las uvas de cepas blancas que conviven con las tintas en el viejo viñedo: «La clave de este vino está en la malvasía de Rioja, de racimo grande y grano muy pequeño y que es una uva extraordinaria pero que apenas queda, salvo ésta y de una o de dos bodegas más de Rioja que yo conozca». La cita, el próximo miércoles 28 (20.30 horas en el Hotel Gran Vía), con 45 plazas para los primeros inscritos en lomejordelvinoderioja.com.

La cata

La cita. El próximo miércoles 28 de febrero en el Hotel Gran Vía (Logroño) a las 20.30 horas. Hay 45 plazas para los primeros inscritos en www.lomejordelvinoderioja.com (a partir de las 16 horas de hoy). 10 euros por persona.
Los vinos de la cata. Fernández Gómez 2016; El Primavera 2016; Tierra Blanco Fermentado en Barrica 2016, Tierra Crianza 2015; El Belisario 2010 y La Greña2014.

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Rioja 2018… by Tim Atkin
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Alberto Gil | 09-02-2018 | 10:26| 0
RIO09022018 : La Rioja : GENERAL : P06

El prescriptor británico y master of wine Tim Atkin actualizó ayer en su página web su reportaje anual sobre la región vitícola de Rioja (2018) con una nueva clasificación de bodegas al estilo de los grand cru bordeleses y con su personal podio de elaboradores, vinos y descubrimientos del año (además de las puntuaciones completas de vinos). Bodegas Muga, con la elección de su director técnico, Jorge Muga, como elaborador del año y de Aro 2010 como vino del 2018, despunta en el nuevo informe, que presta también especial atención a Jesús Madrazo, a quien concede el título de ‘leyenda’, después de su histórico paso por Viñedos del Contino, bodega a la que deja en el primer escalón de la clasificación Atkin.

Madrazo, que acaba de iniciar una nueva andadura profesional con proyectos propios, está también detrás, junto con Etienne Cordonnier, de Viñas Leizaola, cuyo vino, El Sacramento, ya fue destacado como revelación por Atkin en su ‘Report 2017’. Por cierto, Madrazo y Cordonnier presentarán en mayo para lomejordelvinoderioja.com una espectacular cata vertical del Sacramento. Miguel Martínez (Bodegas Ojuel) es otro de los grandes triunfadores del año, tras haber sido elegido por Atkin como joven revelación por su trabajo con el dulce supurao, pero también por su colección de vinos parcelarios de viejos viñedos de Sojuela.

El Gran Reserva Viña Tondonia 1996 se hace con el primer puesto de los blancos en la lista, mientras que Ramón Bilbao, con su Lalomba 2016, repite (ya lo fue el año pasado) como rosado del año y Vinícola Real, por su 200 Monjes 2011 vendimia de invierno, logra el premio al mejor dulce/semidulce y sube al segundo peldaño de la clasificación de bodegas.

La mejor bodega del año pasado, Artuke, repite en la primera categoría –junto con Abel Mendoza, Lanzaga, Contador, Contino, Juan Carlos Sancha, Finca Allende, La Rioja Alta, López de Heredia, Murrieta, Muga, Remélluri, Roda, Sierra Cantabria y Viñedos de Páganos– y su último vino, Cerro Las Mulas, logra el galardón de tinto revelación. Destaca también el ascenso a primer cru de Bodegas Juan Carlos Sancha, quien ha encandilado a Atkin con su colección de garnachas centenarias, varias de las cuales sitúa entre los mejores vinos de Rioja.

Bodegas Bhilar (David Sampedro) asciende al segundo escalón y sitúa su nuevo vino Finca La Revilla como descubrimiento blanco. Bodegas Hermanos Peciña, con su Señorío de Peciña, como mejor Rioja calidad precio, y Dominio de Berzal, mejor ‘value’ blanco, son otros de los destacados. Atkin menciona también a José Gil (Bodegas Olmaza), que con una nueva colección de vinos parcelarios, logra magníficas puntuaciones. Olmaza visitará el club de catas de lomejordelvinoderioja en junio.

Los cambios legislativos
El prescriptor ha seguido durante este año muy de cerca los cambios legislativos de Rioja, con las nuevas categorías y menciones de Viñedos Singulares, Municipio y Zona y, pese a hacerse eco de algunas críticas –«satisfacer los muy diferentes intereses de los productores, las cooperativas y las pequeñas y grandes bodegas de Rioja es como intentar mantener unidas las facciones del Partido Conservador [británico]», bromea–, deja claro que «las nuevas clasificaciones son una gran noticia para los bebedores de vino, para quienes intentan probar diferentes estilos de Rioja y entender qué, quién y cómo se hacen». Atkin concluye que «nunca he estado más excitado por la calidad de los vinos de la región y por su potencial para hacer cosas aún mayores».

Bodegas Familiares de Rioja se hacía eco ayer en una nota de prensa del nuevo informe de Atkin, del que subraya que siete de sus asociados figuran entre las bodegas destacadas por el master of wine. Bodegas Familiares alude también al reconocimiento del «protagonismo» de las pequeñas y medianas bodegas, en lo que Atkin denomina el «redescubrimiento del lado humano de Rioja»: «Rioja necesita grandes marcas –explica el master of wine–, pero también necesita su creciente número de bodegas más pequeñas, con grupos como Bodegas Familiares de Rioja, Rioja&Roll o ABRA, que están ayudando a promover el lado humano de la región y permitiendo a los consumidores poner una cara y una cultura en una etiqueta».

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Castillo de Sajazarra: raíces profundas
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Alberto Gil | 07-02-2018 | 16:54| 0
El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

El enólogo en una imagen de mi compañero Juan Marín en el salón de catas

Jabier Marquínez expone el compromiso de la bodega con la tipicidad de la zona, pero también con las elaboraciones clásicas e históricas de Rioja

Viñedo propio, tipicidad de zona, respeto al ‘Rioja’ y atrevimiento son los pilares sobre los que Jabier Marquínez, enólogo de Castillo de Sajazarra, sujeta el proyecto bodeguero de la familia Líbano. Castillo cultiva 46 hectáreas de viñedo en Sajazarra (85%), Galbárruli y Fonzaleche y elabora vinos de zona, de pueblo, marcados por la climatología de la comarca más atlántica y fría de Rioja y con un perfil tradicional de Rioja Alta: vinos de largas crianza, trago largo y amable y, al mismo tiempo, una viticultura casi salvaje, en las mismas faldas de los Montes Obarenes, con un fuerte viento perpetuo y una fauna que se ‘aprovisiona’ a su antojo del fruto de los viñedos.
Marquínez abrió el martes por la noche la nueva temporada de catas del club de lomejordelvinoderioja.com con un blanco, In Vita 2016, de la DOP Alella (norte de Barcelona), zona por la que apostaron en el 2006 cuando en Rioja todavía estaba prohibido plantar blanco: «Muchos se fueron a Rueda, otros a Rías Baixas, pero la propiedad de Castillo de Sajazarra tenía vinculación familiar con Alella, que, además, es una comarca histórica cuyos vinos, layetanos, eran ya muy apreciados por los romanos hace 2000 años». El In Vita, un blanco fresco de xarello (pansa blanca) y sauvignon blanc, poco tiene que ver con la calidez supuesta a priori a una comarca mediterránea y es que, tal y como recordó el enólogo, acumula una media de 800 milímetros de agua al año (por 600 de Rioja). El vino destaca por una mineralidad salina que combina a la perfección con las notas florales, aunque siempre en segundo plano, del sauvignon. El In Vita es un vino kosher, como lo es también el Herenza 2016 (Rioja). Castillo de Sajazarra es una de las escasas bodegas que elaboran regularmente para la comunidad judía. «El vino es el mismo, con un coste de producción más alto por el ‘lío’ que supone para la bodega, pero nos compensa porque nos ha ayudado a estar presentes en más de cien países», explicó Marquínez.
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 La aventura kosher es ejemplo de ese atrevimiento que citaba el enólogo –como lo es también la apuesta por el cultivo ecológico hasta que el oídio lo permite–: «Elaboramos con unos protocolos de hace 4.000 años». Ahora bien, la vendimia es igual –«de hecho tenemos algunos musulmanes en las cuadrillas de recogida», aclaró Marquínez– ya que el protocolo se ciñe exclusivamente en la bodega: «Sólo un rabino o judío practicante puede ver o manipular el vino; es la gran diferencia». El Herenza, a diferencia del In Vita (ambos kosher), fue pasteurizado –sometido a una temperatura de 85 grados durante unos segundos–: «La razón no es otra que el vino no pasteurizado sólo puede ser servido por judíos, pero hay muchos restaurantes en todo el mundo que ofrecen kosher aun no siendo judíos». El Herenza es un vino de semicrianza que, cada añada estrena barrica –así lo exige el protocolo hebreo–: «Lo aprovechamos para ‘limpiar’ las barricas nuevas tres meses y luego las usamos para nuestros otros vinos». En la cata el vino muestra el perfil del tempranillo de la zona: amable de trago largo y elegante.
Solar de Líbano Reserva 2013 y Castillo de Sajazarra Reserva 2012 protagonizaron el siguiente bloque de la cata. El primero es un clásico de Rioja Alta, de larga crianza en roble americano, elegante y de paso amable y el segundo aporta un poco más de estructura con parte de la crianza en roble francés: «Cuando los prescriptores comenzaron a ‘darnos’ a los clásicos de Rioja decidimos que, por respeto a nuestros clientes y la propia región vitícola, no íbamos a dejar de elaborar Solar de Líbano de siempre». «Sacamos el Castillo –añadió Marquínez–, con un poco más de potencia pero sin abusar de la sobremadurez ni la estructura, porque creo que Rioja no puede renunciar a sus principios y su historia». En ambos vinos está presente el graciano, una apuesta de la casa desde el 2006: «Estamos en la zona más fría de Rioja y el graciano es corrector natural de pH y de acidez y ha estado presente de siempre en los grandes vinos de Rioja». «Apostamos por él, aunque alguno pensaría que estábamos locos, pero estamos muy contentos porque es una gran uva de cupaje».
vinos
Los varietales
Castillo de Sajazarra elabora también dos producciones muy limitadas, Digma y Digma Graciano, vinos más modernos y potentes y, aunque el primero tiene un poquito de graciano, es casi un varietal de tempranillo: «Aquí seleccionamos las uvas de las fincas que nos dan la fruta más negra, la mayor potencia, en aquellas añadas en las que llegamos a obtener el perfil que buscamos, que no son todas ni mucho menos». Pese a que son vinos que se pueden calificar de ‘modernos’ se etiquetan también como reserva tras una larga crianza. El Digma Graciano sale al mercado aproximadamente una de cada tres cosechas: «Estamos teniendo suerte y el cambio climático, que ya veíamos venir en el 2006, nos ayuda en este sentido», explicó el enólogo. En la cata los Digma fueron los preferidos del público en la votación con la aplicación móvil especial que estrenó JIG para el club de catas, especialmente el último –con una nariz espectacular–.
Los vinos y sus precios
In Vita 2016: Blanco (DOP Alella). Kosher. PVP: 6,5 euros.
Herenza 2016: Semicrianza Rioja. Kosher. PVP:6,5 euros
Solar del Líbano Reserva 2013: 11,5 euros.
Castillo de Sajazarra Reserva 2013: 16 euros.
Digma 2012: 36 euros.
Digma Graciano 2012: 36 euros.
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Barco: «Rioja optó en su día por ser una DOP grande y ya no es posible volver atrás»
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Alberto Gil | 01-02-2018 | 09:26| 0
El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

El profesor Emilio Barco, en una imagen de Sonia Tercero

Emilio Barco Royo, doctor en Economía –y, como bien dijo ayer el consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, en la presentación del libro ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’, el mayor experto del sector desde el punto de vista jurídico, económico y social– presentó ayer la última actualización de la monografía más detallada y analítica del principal sector económico de la Comunidad. Un trabajo que comenzó en 1985, con la primera ‘radiografía’ del vino de Rioja –«hecha a lapicero»– y que se actualiza ahora por quinta vez con los últimos datos del 2017. Su trascendencia, en todo caso, abarca hasta el horizonte 2030, con el reto de la liberalización del viñedo sobre la mesa y con varias decisiones que debe tomar el sector, algunas ya en marcha, para intentar mantener un modelo cuyo éxito se basa en el reparto social de viñedos, vino y beneficios.
– Dice que será su última actualización. ¿Por qué?
– En el 2030 tendré 72 años y ya estoy mayor para un trabajo tan exhaustivo como éste.
– Por primera vez se permite el ‘lujo’ de plasmar su opinión…
– Así es. Lo hago al final del libro, en un capítulo de ‘Adiós’, precisamente porque será mi última actualización.
– Intuyo en dicha despedida cierta añoranza del campesino viticultor. ¿Es posible una vuelta al pasado?
– De manera global no, y por eso hay una añoranza. Rioja tiene hoy 65.000 hectáreas, es decir, es demasiado grande para volver atrás, lo que no quiere decir que en términos individuales, como ya hace gente, se puedan hacer cosas diferentes. Hay otro modelo de cultivo, con menor dependencia de fitosanitarios, con respeto absoluto al medio. Es posible, pero no lo es de forma global, aunque sí debería apoyarse y fomentarse.
– Cita una frase en su libro, del expresidente Ángel de Jaime Baró, cuando dijo aquello de que Rioja era una ‘gran denominación grande’. Fueron esos años, el final de los 90, el punto de ‘no retorno’?
– Sí. Esa frase significaba que íbamos a seguir creciendo en hectáreas, en volumen, que los grandes grupos nacionales iban a invertir aquí… y así ha sido. ¿Se podía haber optado por una DOC pequeña de menos de 40.000 hectáreas? Entonces quizá sí, pero ahora ya no es posible.
– Alude también a la tensión territorial, entre municipios que no pueden crecer y otros que sí. ¿Hay riesgo de ruptura del Rioja actual?
– Efectivamente hay realidades productivas muy diferentes, con pueblos donde no se puede crecer en viñedo y otros en los que sí. Ahora bien, eso necesariamente no debe ser una ruptura. Soy partidario del consenso. Crecer en volumen y/o en valor no debe ser excluyente. Las DOP en su día tuvieron los retos históricos de controlar el fraude, garantizar el origen al consumidor, vincular la actividad al territorio y ahora tienen el nuevo reto de generar valor. Ahora bien, para mí no es suficiente. No me interesa una DOP que genere valor si no lo distribuye en la cadena: desde el campo hasta la mesa de mi casa. Ése es el verdadero reto.
– ¿Es necesario diferenciar claramente producciones y vinos?
– El modelo tradicional segmentaba oferta, demanda y precios con los vinos jóvenes, crianza y reserva. Ahora se propone una nueva categorización complementaria con viñedos singulares, de pueblo y zona. Para mí es bueno.
– ¿Debe acostumbrarse Rioja a pagar diferentes precios por las uvas?
– Eso ya lo decíamos en el libro anterior. ¿Por qué en Rioja nunca ha sido posible producir para tres mercados diferentes, con tres calidades distintas, con 4.000, 6.000 ú 8.000 kilos por hectárea?. Obviamente debe ser así y no vale el café para todos.
– Horizonte 2030: liberalización de plantaciones. ¿Puede Rioja autorregularse para entonces?
– Lo que está claro es que hay que trabajar en estos años ante este posible escenario. Yo expongo el modelo de champagna, que ya se ha autorregulado limitando la superficie con cartografía. Ahora bien, eso es muy duro porque significa que una parcela vale y otra no en un mismo municipio. De todas formas, yo tengo confianza. Si Rioja no hubiera limitado las plantaciones ya tendríamos la liberalización desde hace dos años. El sector supo pactar y no era fácil.
– ¿Subsistirían pequeñas bodegas y viticultores en un escenario de libertad total?
– La premonición de hace tiempo de que Rioja se iba a concentrar en unas pocas bodegas no se ha cumplido y creo que no se cumplirá. Ahora bien, ante la libertad de plantaciones el que se ‘librará’ es el que tenga vinculación con el comercio, vendiendo vino directamente o vía cooperativa o cosechero o vía contractual con una bodega.

«El disparate del AVE no quiero ni comentarlo»

Una de los ‘heridas’ que deja clara Emilio Barco en su epílogo del ‘Análisis de un sector. Rioja 4.0’ es el daño causado al paisaje en estos años de expansión de Rioja. «A medio plazo quienes gestionan la DOC deberían trabajar en dos cuestiones de enorme importancia para el futuro del sector: la necesidad de proteger un paisaje y una cultura vitivinícola tradicional, que ya es marginal en la región, y reducir el uso de productos químicos», reflexiona.
– ¿Demasiado tarde para el paisaje o aún queda margen?
– Desgraciadamente, ya llegamos tarde. Hemos perdido muchas oportunidades. Lo último del AVE me parece tal disparate que no quiero ni comentarlo. Hace año y medio le hubiera contestado con más ilusión, pero ya apenas la tengo. La protección del paisaje es urgente pero sigue sin entenderse.
– Tampoco, como riojabajeño de Alcanadre, le veo muy convencido con el cambio de nombre de la subzona Rioja Baja…
– Yo soy de la ribera. Tengo una huerta y todos los sábados mando un foto a mis amigos de mi huerta de la ribera y no veo nada peyorativo en La Rioja Baja. Pero yo no sé de marketing… y mucho menos de neuromarketing.

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